Miércoles, 17 Enero 2018

La Iglesia en apoyo a los migrantes

Written by  Vicky Mijares Published in Iglesia Domingo, 31 Enero 2016 09:53
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El ser humano no es un ser estático, siempre está en continuo movimiento. Este movimiento genera el fenómeno llamado migración, el cual existe desde los orígenes de la humanidad. Sabemos que el hombre primitivo era nómada, estaba en constante movimiento, posteriormente tuvo que establecerse en un lugar cuando descubre la agricultura, cuando siembra y tiene que quedarse para cultivar.

En la actualidad, el fenómeno de las migraciones se ha vuelto complejo, en él encontramos diversos factores con sus debidas consecuencias de todo orden: económico, político, jurídico, cultural y religioso.

La Iglesia como siempre es maestra y madre y juega un papel primordial, ya que acoge y brinda siempre un fraternal apoyo. Justo a ejemplo de Jesucristo, que no niega su Palabra, ningún servicio o favor a forasteros o samaritanos, siempre actúa con misericordia.


Abundante es la documentación eclesial sobre el fenómeno y la pastoral de las migraciones. Constantes son las alusiones a la movilidad humana y a la inmigración, sobre todo en documentos eclesiales: Concilio, de los Sínodos, en la Doctrina Social de la Iglesia, de las Encíclicas de los Papas: León XIII: Quamaerumnosa (1888); Pío XII: Exul familia (1952); Pablo VI: Pastoralismigratorum cura (1969), La Iglesia y la movilidad humana (1978), Juan Pablo II, LaboremExercens (1981) donde el valor del trabajo debe ser medido con la misma medida y no teniendo en cuenta la diferencia de nacionalidad, religión o de raza.

Benedicto XVI, en el Angelus del día 31 de agosto de 2008, en donde hace alusión a que los países de origen deben mostrar sentido de responsabilidad, no solo porque se trata de sus conciudadanos, sino también para remover las causas de migración irregular, así como para cortar por la raíz, todas las formas de criminalidad con ella relacionadas.

El Papa Francisco, en su discurso del 17 de enero 2016 en la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado 2016. Bajo el tema: “Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la Misericordia” en donde nos invita a reflexionar sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida de los refugiados y migrantes, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional.

En este mundo en el que vivimos, en esta comunidad universal, es tiempo de vivir el amor, la auténtica caridad, de realizar obras de misericordia con todo aquel que se encuentre vulnerable o en situaciones adversas. Hecho que sin duda nos hace reflexionar y llevarnos a la acción, a extender el Evangelio y hacer la llamada del amor, para lograr que en este mundo se construyan civilizaciones más humanas.

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