Miércoles, 17 Enero 2018

El camino que va de Belén al Calvario es el camino de la Misericordia

Written by  Fernando de Navascués Published in Actualidad Lunes, 29 Febrero 2016 19:51
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Estas semanas de Cuaresma, pasada ya la Navidad y aún no alcanzada la Semana Santa, en las que hemos tenido la gracia de la visita del Papa Francisco a México con su insobornable y coherente testimonio, deberían ser para todos especialmente renovadoras. Hace apenas dos meses, contemplábamos a un Niño que hacía las delicias de ángeles y hombres, pero en menos de un mes, lo tendremos moribundo y colgando en una Cruz. Entre Belén y el Calvario existe un camino, una senda estrecha alumbrada con milagros, enseñanzas, gestos de compasión y enérgicas denuncias: un periodo que habrá de servir para revisar la vida a la luz de Dios y de su Evangelio.

El Papa Francisco además ha querido que éste sea el Año de la Misericordia, lo cual tiene un doble sentido: el amor que doy a los hermanos y el amor que recibo de Dios. A veces pensamos que la Misericordia es sólo para darla a los demás. Nos invade una especie de soberbia espiritual en la que nos sentimos llamados a un activismo caritativo en donde somos los protagonistas y los héroes, y en donde nosotros no necesitamos nada. ¡Qué alejados nos encontramos de lo que verdaderamente Dios quiere de nosotros! Nos olvidamos de lo más fundamental: nadie da lo que no tiene: ¿cómo vamos a ser misericordiosos si no hemos experimentado aún la Misericordia de Dios en nosotros mismos? ¿Si no nos hemos dejado tocar aún por su perdón y su gracia? 

Si algo tiene la Cuaresma es la llamada a la conversión, es decir volver nuestro rostro al Señor para que nos mire y nos dejemos amar por Él. Solo cuando experimentemos su misericordia, su ternura, su perdón, podremos salir como enviados suyos, como ‘misioneros de la misericordia’, hacia los demás. ¿Cómo vamos a quitar la pajita del ojo de mi hermano, si yo tengo ¡una viga! en el mío…? (Mt 7, 5).

El Papa Francisco es muy claro en la Bula del Año de la Misericordia: "¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Ante el mal cometido, incluso crímenes graves, es el momento de escuchar el llanto de todas las personas inocentes depredadas de los bienes, la dignidad, los afectos, la vida misma. Permanecer en el camino del mal es sólo fuente de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien distinto. Dios no se cansa de tender la mano. Está dispuesto a escuchar, y también yo lo estoy, al igual que mis hermanos obispos y sacerdotes. ¡Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia!” (Misericordiae Vultus 19).

“Antes se cansa el hombre de pedir perdón que Dios de perdonar”, decía un santo. Así, pues, entre Belén y el Calvario hay un único camino: el de nuestro pecado y el de la Misericordia de Dios. Y es la Cuaresma el tiempo especial para asir la propia vida e iluminarla desde la verdad y la justicia, que en cada recodo del camino se encuentra Cristo esperándonos con su divina Misericordia.

 

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