Miércoles, 17 Enero 2018

Viacrucis y Resurrección, un regalo de amor

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Iglesia Martes, 22 Marzo 2016 10:42
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Hemos llegado a la Semana Santa. Los lugares de recreo y diversión se han llenado, pero también ha habido muchas familias que no pudieron salir y otras que decidieron ofrecer sus días de descanso en las Misiones que se organizaron para los pequeños pueblos de toda la República. Son días santos, días especiales, muy particularmente el Jueves y Viernes santo, Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección.

Jueves Santo, el momento más sublime del amor de Dios. Cristo se queda con los hombres de todos los tiempos para ser alimento espiritual. Cristo crea lo que solo un Dios enamorado de sus criaturas pudiera inventar. ¡Qué más cercanía puede haber que el acto de comer al mismo Dios para que poco a poco nos parezcamos a él! Sí, Él es nuestro alimento para actuar en su representación y actuar como él, especialmente con nuestros hermanos más necesitados.

Viernes Santo, nos enfrentamos a un hombre azotado, escupido, burlado, martirizado y clavado en una cruz para morir. El Hijo de Dios muere, tiene sed, se asfixia en un horrible suplicio al que le dicen que si es Dios que se baje de la cruz.... pero Jesús sigue allí, clavado de pies y manos y nosotros le pedimos lo contrario" ¡qué no se baje de la cruz"! ¿Qué haríamos con una cruz sin Cristo? ¿Cómo podríamos llevar nuestras cruces de cada día?¿Cómo podríamos aceptar nuestras penas, nuestras enfermedades, todos los grandes dolores y pruebas por las que pasamos los seres humanos si no tenemos un Crucificado al que mirar, al que abrazar para sostenernos? Lo necesitamos para ayudarnos a aceptar la voluntad del Padre igual que lo hizo Él.

Sábado de Gloria, en la madrugada del Domingo nos llega la alegría de la Resurrección. El triunfo de la vida sobre la muerte y el pecado. Con la resurrección de Cristo sabemos que la muerte es tan solo un tránsito, un paso a lo que realmente es la vida, ya que la vida terrenal es un continuo morir. Solo muriendo alcanzaremos la verdadera vida, la vida eterna.

El centro de nuestra fe, de nuestra religión católica se basa en esta verdad deslumbrante:- ¡Cristo vive, Cristo ha resucitado, aleluya!

Para todos los que celebramos, llenos de gozo, la Pascua y con ella la Resurrección de Cristo, ¡Muchas Felicidades!

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