Miércoles, 17 Enero 2018

La Iglesia Católica, tiempo de ayer, tiempo de hoy

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Iglesia Miércoles, 06 Abril 2016 13:44
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La Iglesia católica, tan de ayer que la fundó Jesucristo, tan de hoy que aún se derrama sangre por ella. Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las "ovejas" que conforman la Iglesia católica, es Cristo quien la guía y alimenta. "La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros que permanecemos en Él por medio de la Iglesia y que sin Él no podemos hacer nada." (Jn.15,1-5).

"La Iglesia solo llegará a su perfección en la gloria del cielo, cuando Cristo vuelva glorioso, hasta ese día la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios".(san Agustín).

Por grandes tribulaciones ha pasado la Iglesia en todos los tiempos. Malos Papas, sacerdotes infieles y miles de pecadores que la conforman, no es suficiente para que sea  destruida, ya que Cristo la formó, la ama y cuida. Su Iglesia es la barca donde subió Pedro hace más de dos mil años. Pedro murió crucificado, cabeza abajo, por no sentirse digno de morir en la misma postura que su Maestro, su Señor, su Dios.

Desde aquellos tiempos la sangre de los testigos de Cristo comenzó a ser derramada sobre la Tierra. Esteban, con su predicación, enfureció a los miembros del Sanedrín y sacándole de la ciudad, lo apedrearon hasta la muerte y su túnica fue depositada a los pies de un joven que admitía que lo mataran, llamado Saulo. Y Saulo, que después de que conoció a Cristo,- aquel del que hablaba Esteban- de una manera brusca e imperiosa, pasó su vida predicando incansablemente y murió , al igual que Esteban, por proclamar y defender esa fe.

Como la comunión de los hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también el Sacramento de la unidad del género humano. "La Iglesia católica, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, buscando sin cesar la conversión y la renovación".(LG8;ef UR3;6). La cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio y estará así hasta el fin de los tiempos.

La Iglesia católica, cuya cabeza es Jesucristo y los fieles sus miembros, tiene como vicario y representante al Papa Francisco, pastor de la Iglesia universal en la Tierra. Los buenos sacerdotes y hermanos en sus distintas órdenes, los Evangelistas de tiempo completo, las religiosas en los asilos de ancianos, de niños abandonados, enfermos, las que recogen drogadictos y moribundos como las religiosas de la Madre Teresa de Calcuta, los sacerdotes Diocesanos en las Parroquias, los Misioneros en las lejanas y difíciles tierras, las religiosas que curan a los leprosos y tantas y tantas asociaciones como “Cártitas” que son de un apoyo ejemplar.

Las órdenes del "Opus Dei", los Legionarios de Cristo y los millones de fieles, son los baluartes de esta Iglesia, en la que el Papa pide por la unión de todas las demás Iglesias, por la paz y porque Dios esté en los corazones de todos los hombres.

A pesar de los ataques que ha sufrido la Iglesia desde su comienzo hasta nuestros días, es una institución que siempre nos hará crecer y prepararnos mejor para defenderla con la confianza de que Cristo la ama y la guía y nunca, jamás, será vencida.

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