Miércoles, 17 Enero 2018

La cristiandad en el mundo

Written by  Maleni Grider Published in Iglesia Domingo, 01 Mayo 2016 10:32
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Miren que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la serpiente, pero sencillos como la paloma. ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. Ustedes incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos. Cuando sean arrestados, no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese momento, se les comunicará lo que tengan que decir. Pues no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre en ustedes.

Mateo 10:16-20

La lectura de Good Faith (La buena fe), libro escrito por David Kennaman and Gabe Lyons, cuyo subtítulo es: “Siendo un cristiano cuando el mundo piensa que eres intolerante y extremista”, me hizo reflexionar mucho en el sentido de nuestra fe en Jesucristo, es decir, en el propósito profundo de la misma, así como del testimonio que como creyentes debemos ofrecer al mundo.

La pasión de los políticos (los verdaderos), de los artistas, de los activistas, de los ecologistas, de los pacifistas, es decir, de todos aquellos que dedican su vida a una causa justa, es visto por la sociedad en general, no sólo como algo positivo sino como algo admirable. Pero la pasión de los seguidores de Jesucristo es juzgada como fanatismo. Muchos la consideran incluso nociva para la sociedad y harían lo que fuera para desaparecerla de la faz de la tierra, como si se tratara de una peste.

El yoga, la práctica del budismo, la cienciología, etcétera, son consideradas hoy como doctrinas o disciplinas atractivas incluso deseables, aunque en muchas ocasiones los grupos que las proclaman tengan fines de lucro o no sean del todo incluyentes. Sin embargo, a menudo se critica ferozmente a las iglesias de “ser un negocio”, cuando la Iglesia es mucho más que una estructura física o institucional: la Iglesia somos todos nosotros, los que la conformamos, los que hemos creído en Cristo. Y la Iglesia tiene una misión evangelizadora, no política ni económica.

La doctrina cristiana es tachada muy a menudo de ser no más que un dogma. Y la Teología (del griego theos, “Dios” / logos, “estudio o razonamiento”), que es considerada por los creyentes como una ciencia o estudio racional –aunque esté basada en la obediencia de la fe, la revelación divina y la práctica de la caridad–, para el mundo en general y para otras disciplinas o ciencias sólo es un sistema de pensamiento basado en una fe irracional e irreconciliable con el conocimiento de las ciencias exactas o de la filosofía.

Jesús mismo nos previno, hace más de dos mil años, acerca de la oposición y los ataques que, como seguidores suyos y portadores de las buenas nuevas, enfrentaríamos. En algunos países, los cristianos son asesinados en forma masiva, por ser considerados como una plaga que no tiene derecho a la vida. Sin embargo, son estos grupos fundamentalistas los que van a extremos inverosímiles al creerse con derecho a exterminar personas por el simple hecho de profesar una fe o religión.

Es muy común que incluso hoy en día, e incluso en países occidentales, civilizados, se considere a los cristianos como personas intolerantes, dado que sus convicciones son inamovibles y su moral sólida e invariable. El voto general está a favor del libre pensamiento, el relativismo, la moral individual y otros inventos de las ideologías modernas, todo a petición de los usuarios y para complacencia de los mismos. Mientras que el cristianismo se basa en la fe, la cual no está fundamentada en la irracionalidad sino en la obediencia y sujeción al Ser Supremo.

La cristiandad no es sólo una vieja religión, ni una moda ni un simple estilo de vida. El cristianismo es la revelación de Dios al hombre, en la persona de su Hijo Jesucristo. Más allá de la demostración de la existencia de Dios, la controversia por la divinidad de Cristo, y los interminables cuestionamientos y prejuicios en contra de las Escrituras como otra fuente principal de dicha revelación, el asunto vital alrededor de la cristiandad en el mundo es uno solo: la fe. Se cree, o no se cree. Cada individuo debe hacer su propia decisión, y esto involucra al espíritu, a la mente y a la voluntad, por lo tanto, no se trata de una decisión supersticiosa, absurda o ciega. La fe es una decisión consciente, una convicción profunda, tan profunda que ha revolucionado el calendario. la historia del mundo, y la vida de millones de personas, pese a los esfuerzos incesantes de sus detractores.

La cristiandad vive en el mundo, dando testimonio de su fe, y también de los frutos de ésta, pues no hay prueba más empírica que los cambios en las vidas de aquellos que creen, los milagros que éstos experimentan, la restauración irretractable en su forma de vivir, y la manera persistente en la que los creyentes comparten e invitan a otros a gozar de las mismas maravillas. La fe cristiana no se puede vender, comprar, racionalizar, demostrar, o poner en un laboratorio; la fe verdadera, la buena fe, sólo se puede vivir de manera personal, individualmente primero, y colectivamente después.

Un buen ejemplo de esta fe se puede ver en la película que se proyecta actualmente en las salas de cine en México: “Dios no está muerto (parte 2)”, cuya reseña se encuentra en el siguiente vínculo: http://www.agenciacatolica.org/articulos/item/1128-dios-no-esta-muerto-parte-ii.html

Valga pues, nuestra vida consagrada a nuestro Señor, para que el mundo conozca el verdadero significado de la existencia de Cristo. Vayamos como ovejas en medio de lobos, con firmeza y dulzura, con valentía y compasión, con conocimiento y sencillez, para que ellos crean a través de la evidencia irrefutable del amor, la paciencia, el sacrificio, la paz y la humildad.

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