Miércoles, 17 Enero 2018

La soledad, compañera de la vida

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Sociedad Domingo, 08 Mayo 2016 12:19
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La soledad es un sentimiento que nos llena el alma de un silencio frío y oscuro si no la sabemos encauzar. Hay rostros surcados de arrugas, de piel marchita, de labios sin frescura, de ojos empequeñecidos, turbios y apagados que nos hablan por sí solos de la soledad. Si sus voces nos llegaran nos dirían de su cansancio, de su miedo, pero sobre todo de su soledad.

No hace falta que seamos ancianos para que en la vida nos acompañe la soledad, ésta, también se hace presente en la adolescencia y duele profundamente, por incomprensible. Mientras los padres se están divorciando, los hijos necesitan de los dos, se quiere a los dos, pero para la pareja parece que no comprende el sentimiento de los hijos.  

La soledad también se experimenta en hombres de grandes negocios, empresarios importantes y magnates en la sociedad que parece que lo tienen todo pero que en el fondo viven solitarios. La soledad de las grandes luminarias siempre rodeadas de personas y siempre solas. Las esposas de los pilotos, de los marinos, de los médicos, saben de una gran soledad y ellos a su vez, en medio del cumplimiento del deber, también están solos.

La soledad de las personas que han perdido al compañero o compañera de su vida, ese quedarse como partido en dos porque falta la otra mitad, ese no saber cómo vivir esas horas tan vacías, tan tristes y solas.

Pero la soledad también alcanza a los sacerdotes, aún a los más jóvenes, con sus votos de obediencia, pobreza y castidad, aunque a veces es más dura la soledad de su propio corazón, que aunque ayudado por la Gracia de Dios, no deja de ser humano. Tienen que consolar a los seres que llegan hasta ellos con sus penas, con sus problemas pero su corazón no puede aferrarse a ninguna creatura de la tierra y a veces lo único que los acompaña es su soledad.

Si no convertimos la soledad en compañía para otros, si no llenamos ese vacío y esas horas con el fuego de nuestro amor para los que nos rodean y nos necesitan, esa soledad acabará por aniquilarnos, ahogándonos en el pozo de las más profunda depresión.

En realidad todos los seres humanos estamos solos. La soledad está en nuestras vidas pero hay que saber amarla. Si le tenemos miedo, si no la amamos y no aprendemos a vivir con ella, ella nos destruirá. Si le sabemos dar su verdadero sentido, ella nos enriquecerá y será la compañera perfecta para nuestro espíritu. Con ella podremos entrar en nuestra alma, con ella podremos hablar con nuestros más íntimos sentimientos. La soledad bien amada y deseada, en muchos casos, nos llevará al encuentro de nuestra propia identidad y luego al mejor conocimiento de Dios, que llenará nuestras vidas porque Él es todo amor.

 

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