Jueves, 18 Enero 2018

Mujeres y Madres

Written by  Fernando de Navascués Published in Actualidad Lunes, 09 Mayo 2016 10:23
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Hablar del día de las Madres nos debería ayudar a reflexionar en el concepto que tenemos de mujer. En una sociedad que se cuestiona todo, incluso lo más fundamental y sagrado, no está de más que los cristianos también volvamos nuestros ojos hacia ellas y nos preguntemos cómo se puede seguir siendo madre y, a la vez, responder a las exigencias de una sociedad como la nuestra en la que su papel ha cambiado tanto en apenas una o dos generaciones. No se trata de cuestionar lo que ya sabemos, sino de ponerse al día rescatando la verdadera esencia, lo específico del papel de la mujer como madre, un valor propio y exclusivo de ellas que en la actualidad se arrincona, cuando no menosprecia y ridiculiza.

Como en un tsunami, vivimos arrasados en una sociedad que aplica unos modelos de vida totalmente descarnados en los que la mujer encuentra su lugar en la producción laboral, en la de ser uno más, en la de despersonalizarse para ser parte de ese engranaje que le exige cada día más y más, y que para ello debe renunciar a algo tan fundamental como ser madre. Empresas como Apple o Facebook, que todos conocemos, pagan la congelación de los óvulos de sus empleadas con el fin de que retrasen su maternidad y dediquen los mejores años de sus vidas a la empresa. Está claro que el escenario es diferente al que hemos vivido todos.

Los tiempos cambian, y eso en sí mismo no es malo. Lo malo es que las personas dejen de ser lo que están llamados a ser. Sin duda es tan malo que la mujer abandone, a veces incluso reniegue, de su responsabilidad en la vida familiar, como que en esa tarea no haya contado con la colaboración del hombre.

¿Estos lodos vienen de aquellos polvos? Sí, es muy probable. Cualquier persona que encuentra reconocimiento en un lugar, difícilmente querrá ir a otro donde no lo encuentre. Lamentablemente si la mujer no encuentra un reconocimiento a su papel como madre y esposa, difícilmente querrá serlo.

Un país más justo, por el que todos luchamos, no pasa precisamente por contraponer maternidad y desarrollo personal y profesional, ni en el hacer de los sentimientos maternales un sinónimo de esclavitud, menos aún por el de privar a la mujer del privilegio de la procreación. Por el contrario, la mujer de hoy, que lucha por su igualdad, también promovida por la Iglesia, mal haría en privarse del privilegio de ser madre, y en siéndolo, ocultar o disminuir los sentimientos que, como decimos, le son connaturales, todo por atender a falsos requerimientos que le ofrecen espejismos de realización profesional.

En días como el 10 de mayo, resulta paradójico que hijos y maridos gasten y derrochen cantidades de dinero, a veces escandalosas, para quedar bien con ellas, pero el resto del año no sólo no las valoran, sino que las maltratan de palabra, de obra y, casi peor aún, de omisión.

El amor a la madre no se construye a base de dinero, de gastos, de flores, de grandes comidas… el amor se construye en el esfuerzo diario. En la dedicación y preocupación constante. En evitarles la soledad en la que viven, en hacerles partícipes del amor que desde que nacimos nos dieron, y del que aún siguen teniendo para darnos.

¡Feliz Día de las Madres!

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