Jueves, 18 Enero 2018

Presencia de muerte: la indiferencia

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Sociedad Lunes, 23 Mayo 2016 13:55
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La indiferencia es un fenómeno preocupante donde ya no se toma como algo importante la existencia de Dios, no es inquietante el sentido de la vida, ni del sufrimiento, e incluso de la muerte.

Diariamente las noticias nos hablan de miles de muertos en un lugar y otro de nuestro planeta, de gente que sufre, que muere de modo dramático y nos vamos acostumbrando poco a poco y lentamente al dolor, a la indiferencia, que quizá sea el escudo a esta nueva forma de ver y vivir la vida.

Vivimos con desenfreno el consumismo. Solo es importante el “aquí y el ahora”.  Cuánto tienes y no cuánto vales. Hay una flojera enfermiza que nos deja insensibles y no nos permite preguntarnos ¿quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos?.

Por su parte, los católicos no queremos agobiarnos con las prohibiciones que encontramos en los mandamientos de la Ley de Dios, intentamos hacer una nueva religión, un Cristo a nuestra manera, un Dios más laxo, más “ light”, que nos permita vivir cómodamente y que el cumplimiento no signifique ni donación ni sacrificio. Nos aburre, nos fastidia y preferimos adentrarnos en la vida de los astros, de los deportistas, músicos y espectáculos de última hora, de los que están de moda sin poner freno ni límite a nuestra forma de vivir en plenitud, en la ausencia del pensamiento de que Dios existe.

El Papa Francisco ha hecho incapié en esto, ha hablado de la indiferencia y lo ha hecho con pena y preocupación diciendo que es como una gran epidemia que hace enfermar al mundo y se va infiltrando en la mente y en las almas de los que se dejan contaminar por ella sin poner objeción, por ser así, una postura cómoda y fácil.

Misericordia pide el Papa, misericordia a todos. Católicos, creyentes de otras religiones, de todas las religiones, a los que son agnósticos, a los ateos, a los indiferentes, a los exclusivistas, a los racistas, en una palabra, a todos los seres que hoy ocupamos este planeta.

Misericordia para todos nuestros hermanos que tanto sufren, muchos ya sin patria y con hambre. Todos debemos formar un frente común para cambiar nuestro estilo de vida, para estar llenos de piedad, de empatía y comprensión que llegarán a nuestro corazón, cada día, desde el pozo de la oración.

Trabajemos con la hermosa potencia de crecimiento y comprensión, no importa la edad, no tengamos miedo de llevar nuestro corazón a flor de piel ante los demás, no seamos avaros de nuestras palabras de amor y de amistad. Seamos valientes para vivir una vida llena de pasión y sobre todo empeñarnos en una búsqueda de Dios y hacerlo el Eje de nuestra existencia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura.

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