Jueves, 18 Enero 2018

Hablar con Dios es Orar

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Familia Jueves, 26 Mayo 2016 16:02
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El mundo nos empuja. Aturdidos corremos sin parar. Empieza el día y la angustia de las prisas nos consume y cuando termina una fatiga especial se incrusta en nuestro ser y ya no damos para más.

Pero el hombre tiene algo más que hacer. Está comprobado que el ser humano tiene tanta necesidad y urgencia de alimento espiritual como corporal.

De ahí la razón imprescindible de buscar algo que no nos haga caminar o correr con los ojos puestos en la tierra, en lo material y encontremos unos momentos, un pedido de ayuda para dedicárselos a Dios por medio de la oración.

Decía Santa Teresita del Niño Jesús en una simple respuesta de lo que es la oración: "La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría".

¿Y por qué los hombres y mujeres ya no rezan? ¿Por qué piensan los jóvenes que es un acto "pasado de moda"? Los adultos no tenemos tiempo, corremos demasiado y los más viejos porque se les ha enfriado el corazón y, aquejados de malestares propios de su edad, solo se miran a sí mismos y no tienen más que ese afán.

El famosísimo médico y filósofo francés, Alexis Carrel, Premio Nobel 1912, investigador sobre los trasplantes de los tejidos y con un libro universalmente conocido: "La incógnita del hombre" interesante y valioso. Dice así: "La plegaria configura esencialmente una tensión del espíritu hacia el substratos inmaterial del mundo. En términos generales consiste en una queja, en un grito de angustia, en un pedido de ayuda. A veces se convierte en una serena contemplación del principio inmanente y trascendente de todas las cosas. Asimismo puede definírsele como una elevación del alma hacia Dios.

Como un acto de amor y adoración hacia aquel del que proviene la maravilla que es la vida. De hecho, la plegaria representa el esfuerzo del hombre para comunicarse con un ser invisible, creador de cuanto existe, suprema sabiduría, fuerza y belleza, Padre y Salvador de cada uno de nosotros.   

Los simples sienten a Dios con tanta naturalidad como el calor del sol o el perfume de una flor. Empero ese Dios, tan abordable para aquel que sabe amar, se oculta a quién no sabe sino comprender.

El cristianismo puso a Dios al alcance del hombre. Le dio un rostro, se convirtió en nuestro Padre, nuestro Hermano, nuestro Salvador. Al trasformarse en hábito la plegaria comienza a actuar sobre el carácter. El contacto con Dios impregna paz."

La oración o plegaria no tiene que ser complicada. Ha de ser sencilla y natural. Ha de brotar del corazón. En la búsqueda y la necesidad de encontrar a Dios, la oración es el medio propicio para ello.

Dios busca al hombre, lo llama y en la plegaria está la respuesta del hombre a Dios. Sea corta o larga, sencilla o elevada, la plegaria debe ser algo parecido a la conversación de un niño con su padre. También las fórmulas recitadas muchas veces maquinalmente son, de alguna manera, una plegaria.

Si tenemos tiempo para tantas cosas ¿cual es la razón para no tener tiempo para Dios? Tal vez sea porque en el subconsciente existe un miedo de entablar una relación con Él, porque esa relación nos compromete a un cambio en nuestro cómodo estilo de vida.

"Piensa en Dios más a menudo de lo que respiras", decía el filósofo griego Epicteto. No olvidemos, que cualquier momento es propicio para ello. Si no tenemos costumbre de orar, empecemos HOY.

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