Miércoles, 17 Enero 2018

El gran engaño

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Sociedad Lunes, 06 Junio 2016 13:32
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Cada vez con mayor frecuencia vivimos en un estado de ansiedad y un gran deseo de saber lo que va a suceder en nuestra vida. Hombres y mujeres buscamos descifrar la incógnita de nuestro futuro y nos atrae todo lo que sea mágico o sobrenatural, pero la única verdad y total de nuestro vivir está en entregarnos con confianza en las manos de la Divina Providencia y en la voluntad de Dios.

En la actualidad hay una gran proliferación de libros esotéricos, de astrología, que se relacionan con la conjunción de los astros según hora y fecha de nacimiento y  los horóscopos que ocupan un tiempo valioso en la televisión y páginas en las revistas de mayor circulación. 

Sabemos de personas que se han convertido en “figuras sobresalientes” que utilizan los medios de comunicación para hablarles a los “incautos” sobre la forma de descorrer el velo misterioso de su porvenir, las artes mágicas, las llamadas “constelaciones”, las “limpias” (que lo único que limpian es el bolsillo), la reencarnación, la lectura del café o las cartas, amuletos y bálsamos que lo curan “todo”, el mal de ojo, el Cuarto Camino, el Magisterio Paralelo, sectas como la Buena Muerte, brujerías y juegos, donde el satanismo tiene su gran papel, ángeles que van y vienen y que “hay que abrirles la puerta”, así como otras mil cosas disparatadas que tratan de llenar el corazón de los hombres y mujeres sin conseguirlo. Todo un gran engaño.

Bien podemos recordar las palabras del Papa San Juan Pablo II quién nos decía en tono muy severo: “Si queremos planificar bien nuestras vidas debemos aprender  a descifrar el diseño escrito en misteriosas señales que Dios ha puesto en nuestras historias cotidianas. Para esto no funcionan ni los horóscopos ni los vaticinios mágicos. Lo que da resultado es la plegaria, la verdadera plegaria, acompañada siempre con una elección de vida que responde a la ley de Dios. Nadie sino Dios conoce nuestro futuro y puede guiar nuestros pasos en el rumbo correcto”.

El creer y practicar cualquiera de lo anteriormente dicho, por lo menos para quienes nos decimos católicos, está prohibido, pues no es coherente con la fe que profesamos.

Lo mejor, lo más conveniente, es que tratemos de conocer más a fondo nuestra religión porque ella nos habla de Aquel que vino y se hizo uno de nosotros sin dejar de ser Dios para decirnos: “ Yo soy el Camino, yo soy La Luz, la Verdad y la Vida, quién cree en mí vivirá para siempre”. 

¿Habrá algo mejor que conocer, amar y seguir a este Dios?

 

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