Miércoles, 17 Enero 2018

Visión del profeta Daniel junto al río

Written by  Maleni Grider Published in Iglesia Domingo, 12 Junio 2016 11:27
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“Muy amado, no temas, la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate.”

Daniel 10:19

El profeta Daniel fue un hombre muy amado y protegido por Dios. Esto no quiere decir que su vida fue sencilla o que no tuvo batallas. Por el contrario, este joven enfrentó el horno de fuego por su fe, también a los leones cuando estuvo dispuesto a morir antes que arrodillarse ante ninguna estatua. Este joven vivio bajó el gobierno de diferentes reyes y fue perseguido por príncipes, calumnias y fuerzas del mal.

Sin embargo, Dios siempre estuvo a su lado, guardó su vida, amó su corazón y recompensó grandemente su fe. A Daniel le fueron reveladas profecías medulares sobre el futuro y el fin de la humanidad. El libro de Daniel contiene algunas de las profecías más importantes de tema apocalíptico, es decir, de las cosas que aún no se han cumplido pero que están por venir.

Asimismo, a Daniel le fue revelada la profecía de las setenta semanas hasta la llegada del Mesías, así como la época desoladora del fin de los tiempos y la gloria de los vencedores. En su madurar como profeta, a lo largo de muchos años, Daniel fortaleció su confianza en Dios. Sin embargo, nunca dejó de ser el hombre de corazón humilde que se sometía a la soberanía de su Señor sin condiciones, con una valentía ejemplar.

En una ocasión, estando junto al río, Daniel oró y ayunó por más de veinte días. Un ángel con semejanza de hombre luchó todos contra un principado que se le oponía mientras el profeta oraba, pero la lucha fue tan violenta que tuvo que llamar a Miguel, uno de los grandes ángeles de Dios para que lo ayudara en esa batalla. Luego se presentó a Daniel, cuando éste ya desfallecía y sus piernas temblaban, para decirle: “No temas, Daniel, porque desde el primer día en que tú intentaste de corazón comprender y te humillaste delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y precisamente debido a tus palabras he venido yo”. (Daniel 10:12)

Luego de fortalecer al profeta, el ángel le dijo que le revelaría el futuro de su pueblo (Israel), y que otro príncipe de Grecia vendría contra él, pero Miguel y el ángel pelearían juntos contra aquellos principados. También le dio la revelación profética de eventos finales de la humanidad y del plan de Dios para la misma.

Nuestras batallas humanas son arduas. Para nosotros los mortales, un conflicto con nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestra empresa, nuestras finanzas, o una enfermedad, una pérdida, un desastre climático, etcétera, pueden ser grandes monstruos que devoran nuestra paz, nuestro gozo y, en muchas ocasiones nos quitan el sueño, el hambre o la misma salud, en un círculo de angustia y devastación que no logramos romper; quedamos a merced de estas situaciones sin ser capaces de luchar, superarlas o vencer.

En el mundo terrenal ocurre todo esto, pero también, en el mundo espiritual se libra una batalla invisible que no percibimos ni tomamos en cuenta. Si creemos en él, Dios pelea a nuestro lado siempre. Si llevamos una vida agradable al Señor y nuestro corazón lo ama por sobre todas las cosas, Él envía ángeles, o batallones de ángeles, a pelear contra las fuerzas opresoras que quieren hacenos desesperar, caer y destruirnos.

Esta palabra del ángel a Daniel es una hermosa ilustración de cómo Dios defiende y escucha a quienes lo buscan y se humillan ante Él. Cuando las mareas y tempestades vienen sobre nuestra vida, tenemos la tendencia a desesperarnos y angustiarnos, pero doblar nuestras rodillas, mirar al cielo y buscar la voz de Dios será siempre una manera sabia y acertada, completamente segura para encontrar todas las respuestas, soluciones o revelaciones que necesitamos en nuestra senda como cristianos, como seres amados, es decir, como hijos del Altísimo: Pues a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” (Juan 1:12)

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