Jueves, 18 Enero 2018

Características urgentes de un padre amoroso

Written by  Maleni Grider Published in Familia Miércoles, 22 Junio 2016 10:45
Rate this item
(0 votes)

No temas: basta que creas, y tu hija se salvará. Lucas 8:50

“Obras son amores, y no buenas razones”, reza el dicho. El amor no reside en una sarta de palabras bellas, sino en acciones. El amor no es pasivo, sino activo. Para ser un buen padre se necesita estar presente, comprometido y tomar acción.

Un buen ejemplo de padre amoroso lo encontramos en Lucas 8:41-56. Este pasaje del evangelio contiene gran riqueza porque combina dos historias milagrosas sorprendentes. Por un lado, el relato de la hija de Jairo, un principal de la sinagoga; y por otro, el de la mujer con flujo de sangre que tocó el manto de Jesús y quedó sana al instante.

Por razones de espacio y temática, enfocaremos la primera. Jairo tenía un cargo importante en la sinagoga, sin embargo, su prioridad era su familia. Su hija estaba enferma y él estaba en casa con ella y con su esposa, pendiente de la situación y sosteniendo a su familia.

En segundo lugar, Jairo supo qué hacer en el momento de la crisis, tomó acción inmediata y no se quedó pasivo, indiferente o vencido ante la misma. Por otra parte, supo a quién acudir: corrió hacia Jesucristo para pedir su intervención. Pudo haber ido a buscar doctores, brujos, pagar mucho dinero por una cura, etcétera, pero fue desesperado y lleno de fe hacia la fuente principal de sanidad.

Además, este hombre, padre de familia, pidió de la manera correcta: se arrojó a los pies del Mesías y le rogó que viniera a su casa. Coraje, humildad y gran fe se reflejaron en sus acciones, y sus palabras estuvieron respaldadas por hechos de incuestionable determinación y valentía.

En el momento en que Jesús lo seguía hacia su casa, otro hecho ocurrió: una mujer buscó su propio milagro tocando el manto del Maestro, y esto detuvo a la comitiva, aparte de que la muchedumbre ocultaba a Cristo y lo oprimía, por lo que era ya de por sí difícil avanzar con prontitud. Podemos imaginar la desesperación de Jairo, cuya hija estaba a punto de morir. Seguramente quiso, en esos momentos, apurar a Jesús, jalarlo de la mano, o volar con Él sobre la multitud para llegar a su casa.

Pero Jesús, tranquilo y sorprendido por el poder que había salido de su cuerpo, se detuvo y se dirigió a la mujer para cruzar unas palabras con ella y despedirla en paz. En ese momento llegaron las peores noticias: le dicen a Jairo que su hija ha muerto, y que ya no moleste al Mesías. El mundo entero debe haberse sacudido sobre este padre desesperado. Pero Jesús, compasivo, humano y divino como siempre, lo calmó y le dijo que no temiera, que sólo creyera.

Jairo no se dio por vencido, escuchó la voz de Jesús, le creyó al instante y, de manera persistente, lleno de esperanza, lo llevó hasta su hogar y lo dejó entrar. A pesar de las burlas de todos los presentes cuando Cristo anunció que la niña no estaba muerta sino sólo dormía, Jairo dejó actuar a Jesús. Entonces, el Señor resucitó a la pequeña. Todos la habían visto morir, pero el Salvador la resucitó: “Tabita cumi” (“Niña, levántate”).

Jairo tenía como prioridad en su vida a su familia; en el momento de crisis actuó con determinación y sabiduría, supo a dónde ir, a quién acudir, y también supo cómo pedir. Cuando un nuevo obstáculo se interpuso en su camino, no se derrumbó, escuchó la voz de su Señor, mantuvo su fe, persistió en su plan, invitó a Jesús a su casa y lo dejó entrar. Finalmente, ante una situación ya sin remedio, entregó el control total a Cristo y lo dejó actuar. Entonces recibió su milagro.

Read 557 times