Jueves, 18 Enero 2018

¡Líbranos del mal!

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Testimonios Domingo, 26 Junio 2016 10:57
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La ciudad ha cambiado su fisonomía, las tardes se visten de un traje austero y gris provocándome melancolía. Con esta bruma también en el alma estoy frente a ti, Señor, en tu silencio y eterna espera, en esa humildad que conmueve al corazón.

Hoy traigo un pensamiento que me ronda y me inquieta. Tiene ribetes de temor y creo que traigo el alma un poco asustada y es la certeza de saber que existe el mal. Que hay sectas extrañas, que hay personas que saben de cultos, de ritos, de raros poderes para hacer el mal, que adoran a Satanás, al Maligno, al Diablo o como se le quiera nombrar a ese espíritu del mal.

Habrá quien diga que ese ser “infernal” no existe, que es cosa anticuada, pero si leemos los Evangelios vemos que Cristo nos habla de él a lo largo de toda su vida en varias ocasiones. Él mismo fue tentado por el demonio cuando se hallaba en el desierto, orando y ayunando.

El satanismo es el culto real a Satán, caracterizado por ritos obscenos y parodias de las ceremonias cristianas. Es una rebeldía contra Dios y la Iglesia, con la "misa negra" como imitación burlesca de la celebración Eucarística.        

Sabemos que todas estas aberraciones son la causa de darle la espalda a Dios, pero estas personas sienten en su interior la necesidad de amar y adorar a alguien superior. Este deseo lo ha puesto el Señor en el corazón de los seres humanos y ante esta necesidad hay personas que creen que el Señor de las Tinieblas les concederá todas las cosas si lo adoran, podrán tener riquezas, poderes y quizá venganzas.

Satanás existe y lo tenemos en constante acecho para hacernos caer en pecado, apoyándose en nuestras debilidades. No cabe duda que tiene un gran poder, pero ese poder queda inutilizado con la oración, el amor a nuestros semejantes y la frecuencia en los Sacramentos.

Hay otras manifestaciones que no podemos olvidar y que a todo buen cristiano queda prohibido como son las supersticiones, el consultar "adivinas", fetichismo, el Tarot, el esoterismo, la magia, sea negra sea blanca, "limpias", uso de la Oiuja, conservar amuletos creyendo que ellos nos darán la buena suerte y mil supercherías más.

Al pedir ser liberados del “Maligno”, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes y futuros de los que él es autor o instigador. En esta petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el “don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo (Del Catecismo de la Iglesia Católica).     

Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero sufre en poder del “Maligno". Sabemos que nuestros enemigos son el demonio, el mundo y la carne.

Solo con la oración plena, llena de confianza en el Señor, seremos fieles, pero siempre le pediremos: ¡LÍBRANOS DEL MAL! ¡ AMÉN!

" No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno" (Juan 17- 15 )

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