Jueves, 18 Enero 2018

Afecto, Amor y Sexualidad

Written by  Vicky Mijares Published in Familia Martes, 12 Julio 2016 15:47
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En la nupcialidad humana se manifiesta la vocación del amor por el que fuimos creados, se manifiesta en diferentes modalidades: amor paterno, amor filial, amor esponsal, amistad y el amor a Dios.

Abordar el tema del amor es complejo, grandes filósofos como Santo Tomás de Aquino, San Agustín, Geiger y Rousselot han tratado de escudriñar en él para hacernos comprender cómo es que el amor actúa en el ser humano.

La experiencia del amor y su manifestación siempre se da en la esfera afectiva y sexual; no puede separar su expresión espiritual y corporal. En la experiencia humana, el "otro", se descubre como un "tú" que nos invita a darle un lugar y poder tener un encuentro amoroso con él.

La nupcialidad se puede ver como misterio porque a través de ella, el infinito se hace presente en la más íntima experiencia del yo, y sobre todo en la experiencia del amor. Es un don por medio del cual Dios se dona primero y nos invita a donarnos, permite que nos complementemos y desarrollemos en plenitud. Su obra perfecta, que pierde su perfección con el pecado original (Gen 3), el hombre entonces tiene que buscar por sus medios la perfección para la que fue creado; el amor, que solo se genera en acción cuando se complementa con “otro”, “La mujer es otro “yo” en la humanidad común. Desde el principio aparecen como “unidad de los dos”. (Mulieris Dignitatem, Juan Pablo II)

El amor es un acto libre; el hombre necesita responder con su inteligencia y su voluntad para amar profundamente. El hombre es un ser consciente de sí mismo y con una capacidad de apropiarse de su propia existencia. A través de la nupcialidad, podemos percibir que alguien nos llama y pone en movimiento nuestra libertad. El misterio asume el rostro de una presencia real, que es velado; el rostro de un "tú" que busca un diálogo con el "yo".

Afecto

El afecto modifica la conciencia, de tal manera que “llama nuestra atención”, nos ocupa, nos distrae, nos perturba, altera nuestros sentidos. Sin embargo, el afecto puede ser benevolente; es decir, cuando busca el bien. Pero si no buscamos el bien para el otro y buscamos solo el propio, entonces será de egoísmo o concupiscencia. Se requiere también la reciprocidad del afecto, benevolencia fundada en el conocimiento. La experiencia del amor y su manifestación se da en la esfera afectiva; no puede separar su expresión espiritual y corporal. En la experiencia humana el "otro" se descubre como un "tú" que nos invita a darle respeto y a buscar su bien.

Amor

El mandamiento máximo: “Amaras al Señor tu Dios sobre todas las cosas, y a tu próximo como a ti mismo”; nos ofrece la clave para interpretar adecuadamente el significado y las relaciones entre los tres objetos del amor. Este amor tiene que ser moderado por la razón, la voluntad moldeada por la razón escoge amar al otro por el otro. Personaliza el amor en virtud de la libertad, que significa separarlo de todo apetito sensible, así será un amor verdadero y objetivo. Existe una correspondencia profunda entre afecto y amor. Y en esta línea se realiza la personalización de los dinamismos naturalmente constitutivos del amor.

Sexualidad

Es un elemento inseparable de la nupcialidad connatural al ser humano: la diferencia sexual, el amor como don total de sí y la procreación. Al ser humano le es imposible evitar enfrentar la soledad originaria al madurar y buscar una compañía adecuada para toda la vida. La experiencia del amor y su manifestación siempre se da en la esfera afectiva y sexual; no puede separar su expresión espiritual y corporal. En la experiencia humana el "otro" se descubre como un "tú" que nos invita a darle un lugar y poder tener un encuentro íntimo con él.

El vínculo inseparable de unión-procreación es un designio providencial de Dios en la ley natural pero que la naturaleza caída por el pecado necesita de la redención que hace Cristo, y la gracia emana del sacramento. El matrimonio y la familia es el plan divino y natural que salva al ser humano. Sería una falsa ilusión querer abolir la familia; esto significaría tener que abolir la coexistencia entre los seres humanos, lo cual es imposible. El ser humano es nupcial y tiene un profundo llamado a cumplir su vocación al amor, según el plan Divino.  En el santuario doméstico, la familia, vive del misterio del amor de Cristo y la Iglesia; y en el misterio de la comunión trinitaria de las personas, a imagen de Dios.

Lo que hace dolorosa la experiencia del amor es que el mundo moderno nos exige que la felicidad suprema sea encontrada en el afecto carnal. El mundo moderno no ve ni acepta que sí es posible el amor sin una relación de afecto carnal con otro ser humano. El mundo moderno sufre porque ha perdido la brújula en la búsqueda del amor. Pero, Jesús nos dice que los que le aman y le siguen, no fracasan nunca; por el contrario, aman con el amor de Dios, siempre ardiente.

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