Jueves, 18 Enero 2018

Demasiado tarde...

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Familia Lunes, 18 Julio 2016 13:11
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Hace tiempo leí una noticia que llegaba de Nueva York: "¿Será delito abandonar a los viejos?” Sobre este tema, está por ser aprobada por primera vez en Estados Unidos una ley que transforma en una infracción el dejar solos a los ancianos que se han vuelto un "peso" para la familia. 

Más de ochenta mil ancianos son abandonados anualmente en este país en los lugares más insólitos. Un anciano de ochenta años fue encontrado en Iowa, el hombre no recodaba su identidad ni dónde vivía. La policía descubrió que había sido abandonado por la hija a miles de kilómetros de su casa porque no quería ocuparse de él. 

Hasta aquí, la noticia nos hace meditar en cómo puede llegar a ser tan duro el corazón del hombre y qué gran tristeza la de esos seres que un día llenaron de caricias a esas criaturas, que al hacerse adultos, ya no quisieron molestias ni trabajos con un padre o una madre ancianos que quizá se han hecho un poco o un mucho difíciles de tratar.

Tercos, repetitivos, desconfiados, egoístas, pero de no morir jóvenes, todos vamos hacia ese camino.

Hay ancianos que son tiernos, dulces, silenciosos, amables, en una palabra, buenos y fáciles de tartar, aunque no todos son así y es que creemos que según pasan los años, en vez de acrecentar las virtudes que poseemos lo que se agrandan son los defectos. Con esto hay que tener mucho cuidado pues los que fueron pequeños defectos o manías que apenas se dejaban ver, ahora son grandes y dañinos hábitos que destacan profundamente en nuestra personalidad y lo peor de todo es que no nos damos cuenta de ello y con eso hacemos sufrir a quienes nos rodean y conviven con nosotros.

Empecemos hoy a limar esas aristas de nuestro carácter que más adelante se pueden convertir en estiletes que herirán constantemente a los demás.      

Sin embargo esto no es motivo para que el anciano o anciana, después que nos entregó  su vida, cuando eran vigorosos y útiles, los abandonemos como algo inservible y molesto.

Corazón de piedra sería poco decir, más bien quien abandona a sus padres no tiene corazón ni sentimientos y una culpa que ya puesta sobre la conciencia ha de ser un tormento para toda la vida, pues esos ancianos se irán y ya no habrá forma de remediar lo hecho, pues aunque haya arrepentimiento... Ya será demasiado tarde.

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