Domingo, 17 Diciembre 2017

Una canción para Mónica

Written by  Maleni Grider Published in Testimonios Domingo, 24 Julio 2016 12:10
Rate this item
(0 votes)

 

Como muchas otras personas, Mónica, una mujer de mediana edad, enfermó de cáncer. La lucha por sobrevivir fue difícil pues recibió tratamientos agresivos, de modo que su iglesia la apoyó y oró por ella durante el doloroso proceso.

 

Sin embargo, una mujer mayor, quien había servido en la iglesia por muchos años, con una intachable y santa conducta, en esta ocasión pareció haberse vuelto rígida. Afirmaba sin dejo de compasión que el cáncer les da a personas con amargura en su corazón, a personas que no han sabido perdonar.

 

Otros hermanos replicaron en varias ocasiones, algunos con paciencia, otros con firmeza, que no podemos asegurar eso, pues sólo Dios sabe la verdad, así como el caso concreto de cada persona y de cada enfermedad.

 

El ministro de la iglesia le explicó que en algunos casos los demonios provocan enfermedades, incluso de manera hereditaria-generacional, pero en otros, las enfermedades son producto de la mala alimentación, de problemas emocionales, o simplemente de razones que no podemos entender. Intentó hacerle entender que, en el caso de Mónica, su cáncer no necesariamente tenía que ser consecuencia del resentimiento o la falta de perdón y que, en todo caso, eso era algo que no les tocaba juzgar a ellos sino a Dios, pues Mónica tendría que lidiar con su propia situación frente al Señor, pero la iglesia tenía la obligación de amarla, apoyarla y orar por su salud.

 

Sin embargo, la mujer siguió haciendo comentarios aquí y allá, bajo la excusa de que ella quería descubrir esa verdad ante Mónica, a fin de que fuera liberada y sanada. Las semanas pasaron y, en la ventana de la recámara de Mónica las flores lucían marchitas. Ella estaba tan enferma que no recordaba regarlas ni tenía la fuerza para hacerlo.

 

Después de algún tiempo, una mañana la enfermera abrió la ventana de Mónica y el sol iluminó con belleza extrema los retoños que habían brotado de las macetas. La lluvia, el sol y quizá la mejoría de la enferma habían revivido a las flores. Mónica se sintió mejor, no pudo explicarlo, pero dio gracias a Dios, como cada día, y se aferró a Él con todo su corazón. La paz la invadió de manera sobrenatural, de modo que su cuerpo lo notó.

 

Día tras día su bienestar aumentó, tanto que los doctores se impresionaron en la cita semanal. Mónica venció la batalla, mantuvo su fe y recibió sanidad completa. En la Iglesia, un grupo de jóvenes compuso una canción para Mónica. El domingo que ella asistió, luego de muchos meses de ausencia, le dieron la bienvenida y cantaron la melodía para mostrarle su amor y su alegría por tenerla de vuelta. Mónica rindió su adoración a Dios y soltó lágrimas en un acto profundo de agradecimiento.

 

Mónica no sabía sobre la mujer que la había juzgado, pero dado que la mujer servía por años en la iglesia, preguntó por ella, pues no la vio alrededor. Le dijeron que estaba en el hospital, había enfermado de cáncer. Mónica acudió a verla y le trajo palabras de aliento. La mujer no le confesó lo que había pensado de ella. Un hombre entró por la puerta, era el marido de Mónica. Al verlo, la mujer enferma enmudeció. Luego dijo: “Hermano Javier, yo estaba equivocada acerca de esta enfermedad”. Él la miró y le dijo: “Tal vez no”, y salió de la habitación. Fue entonces cuando la mujer aprendió su lección, lloró y pidió perdón a Dios, también a Mónica. Ésta recordó la canción que los jóvenes le cantaron en la iglesia.

 

Mónica abrazó a la mujer y le dijo que la perdonaba de todo corazón. Le aseguró que oraría por su sanidad y vendría a verla pronto. En casa, Mónica habló suavemente a su esposo y lo convenció de perdonar, así como Dios los había perdonado a ellos y les había hecho el milagro de mantenerla con vida. Al día siguiente ambos acudieron a visitar a la mujer enferma y estuvieron con ella hasta el día en que partió con el Señor.

 

No siempre el resentimiento provoca cáncer, pero Dios nos pide perdonar siempre. Algunas veces, enfermamos para recibir algún aprendizaje. Analicemos nuestro corazón cabalmente y perdonemos a otros, no por temor sino por amor y obediencia a Jesús.

 

 

Read 635 times Last modified on Lunes, 25 Julio 2016 09:30