Jueves, 18 Enero 2018

7 formas de opresión demoniaca

Written by  Maleni Grider Published in Sociedad Domingo, 31 Julio 2016 23:26
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Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce, y también algunas mujeres, a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios…

Lucas 8:1-2

Los 7 pecados capitales: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza, corresponden a los 7 demonios principales: Lucifer, Mammon, Leviathán, Satán, Asmodeus, Beelzebub y Belphegor, según la demonología cristiana.

El siete, pues, es un número muy simbólico. En Mateo 12:43-45 se describe al “espíritu inmundo que sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso y no lo halla. Entonces dice: ‘Volveré a mi casa de donde salí’; y cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus más depravados que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero.

María Magdalena es uno de los personajes más fascinantes de los evangelios. Se ha especulado mucho acerca de su persona, pero la Biblia dice que ella había sido liberada de la opresión de siete demonios, y que caminó con Jesús; lo siguió igual que los apóstoles, junto a otras mujeres como Juana y María.

Se ha dicho que ella es la mujer pecadora que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, e incluso se ha especulado que ella era la mujer adúltera a la que el Maestro perdonó y salvó de la lapidación. Asimismo, se la ha juzgado con rudeza, diciendo que era una prostituta, una mujer llena de pecado sexual, sin embargo, los evangelios no especifican cuáles eran esos demonios que la atormentaban.

Por otra parte, la Biblia afirma que María Magdalena estuvo al pie de la cruz durante la crucifixión de nuestro Señor, así como fue testigo en su sepultura, y la primera a quien el Hijo de Dios se apareció resucitado: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”. (Marcos 16:9).

Pienso en María Magdalena como una mujer llena de un sufrimiento angustiante al extremo, oprimida por tantos demonios, quizá su sistema nervioso destrozado, sus pasiones exacerbadas y sus temores insoportables. Si ella fue la mujer que inundó los pies de Cristo con sus lágrimas o no, no importa, así como tampoco importa si fue la mujer adúltera, prostituta, pecadora, pervertida o lo que sea.

Jesús la liberó de todo, la perdonó y cambió su vida para siempre. Los pensamientos fariseos en contra de ella son sólo eso, críticas humanas sin compasión. A ella mucho le fue perdonado, por lo tanto, mucho amó. Estuvo junto a su Maestro hasta el final, y no dudo que su testimonio haya alcanzado a muchas almas.

¿De cuántas cosas me ha librado Dios? ¿Cuántos pecados me fueron perdonados? ¿De dónde me rescató el Señor? ¿Cuánto ha hecho Él por mí? Recordarlo me da la perspectiva correcta hacia otros hombres y mujeres oprimidos por el pecado, y me da la dimensión exacta del amor y la misericordia de Cristo. Me habla del sacrificio inmenso de la cruz, la más grande prueba del amor inconmensurable de Dios.

Si en nuestra vida hallamos alguno o varios de los pecados capitales, confesémoslo al Señor, vengamos a cuentas con Él, pidamos su perdón y renunciemos a vivir sometidos al pecado, pues alguien ya pagó el precio por la salvación de nuestras almas: Jesucristo.

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