Jueves, 18 Enero 2018

El matrimonio: un bello jardín que cultivar

Written by  Maleni Grider Published in Familia Martes, 09 Agosto 2016 16:23
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La relación matrimonial puede ser un cielo o un infierno, dependiendo del tipo de siembra que hagamos en él. Ya sabemos que todo aquello que sembramos tendremos para cosechar, y si no sembramos no habrá cosecha.

¿Cuáles son las buenas semillas que podemos sembrar? Son las semillas de: amor, fidelidad, respeto, tiempo y comunicación. El amor es en sí mismo expresión. Significa demostrar lo que sentimos por la persona amada, con palabras, detalles, acciones pequeñas y grandes, atención, dedicación y cuidado.

La fidelidad es un concepto de totalidad, es decir, sin excepciones de ningún tipo. Significa consagración del cuerpo, alma y espíritu a nuestra pareja, al igual que a nuestro Señor. Dios nos pide fidelidad, también nuestro esposo (o esposa). No podemos tener pequeños deslices, ni coqueteos, ni guiños, ni roces, ni contentamiento con el pecado de la infidelidad. Toma sólo un descuido, un pestañeo, un momento, el ser seducidos por la tentación hacia otra persona, imagen o fantasía, y ese pequeñísimo instante puede destruir nuestro matrimonio, nuestra vida y nuestra familia para siempre.

Hemos oído mucho de la importancia del respeto en una relación, pues cuando se pierde el respeto se daña profundamente el amor. El respeto es sustancialmente apreciación. Cuando apreciamos a nuestro cónyuge y todo lo que hace dentro de la relación y el hogar, dejamos de pensar en nuestra propia “perfección”, ponemos en un mejor balance y perspectiva los esfuerzos de cada uno. Un esposo que aprecia la dedicación de su esposa en el hogar y con los niños, nunca la tratará como una sirvienta o un objeto, sino que la ayudará y elogiará por su labor. Una esposa que aprecia el trabajo de su esposo, nunca exigirá demasiado, hará la mejor administración dentro del hogar, mantendrá todo en orden y elogiará la provisión de su marido. Ambos se admirarán, no se criticarán,

El tiempo es un requisito para cualquier buena cosa o proyecto. Todo requiere tiempo, lo cual significa nada más que dedicación. Por supuesto que todos tenemos nuestras agendas, nuestros gustos y la inclinación de administrar nuestro tiempo, pero en una relación de pareja ya no podemos abogar por “mí” sino por “nosotros”. Una relación significa compartir, interactuar, conectarse, intercambiar. ¿Cómo se logra esto? Con esfuerzo de parte de ambos. Pasando tiempo juntos, haciendo planes juntos, soñando juntos, hablando, riendo, llorando, en una palabra: amando.

La comunicación, también lo hemos oído hasta el cansancio, es indispensable para mantener una relación sana. Dios desea una relación con nosotros, es decir, comunicación, interacción. Y todo por amor. Porque nos ama. Lo mismo es indispensable entre dos seres que se aman y viven juntos. ¿Por qué algunos matrimonios viven como extraños en la misma casa? La respuesta es simple: han dejado de desear tener una relación, han dejado de amar. ¿Qué fue primero: el desamor o la incomunicación? Nadie lo sabe, pero sí sabemos que ambos van de la mano, así que es mejor detectarlos a tiempo, pelear contra ellos y no dejar que erosionen el matrimonio.

A fin de cuentas, la meta de crecer juntos dentro de la relación es aprender a arrepentirse pronto, perdonar incondicionalmente, y amar de inmediato.

Por último, comparto unos tips que ayudarán a ambos a percibir y entender la manera en que su cónyuge desea y necesita ser amado (a).

Amor para ella significa: protección, provisión, compañía, honestidad, tiempo, detalles, cuidado, sexo, respeto, caballerosidad, atención. Amor para él significa: respeto, admiración, comprensión, libertad, ternura, honestidad, sumisión voluntaria, atención, sexo… y sexo (sí chicos, nosotras lo sabemos).

Por favor, no me dejen sola en esto, yo sé que ustedes pueden amarse de esa manera y cultivar otro bello jardín en este mundo. Que así sea, en el nombre de Jesús. Dios bendiga y guarde su matrimonio por siempre.

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