Jueves, 18 Enero 2018

La verdadera justicia para las naciones

Written by  Maleni Grider Published in Sociedad Martes, 23 Agosto 2016 12:26
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Cuando asistimos a votar esperamos cambios, justicia, y mejorías en la sociedad. Tenemos siempre esta idea de que la justicia provendrá de un buen gobierno y una buena política (social, económica, internacional). Pero si ahondamos más en el tema de la justicia, tendremos que sobrepasar el terreno meramente humano y recorrer el ámbito divino, celestial.

La justicia comienza con el sacrificio de Cristo en la cruz, por lo que fuimos hechos justicia: “A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

La justicia comienza en el corazón humano, cuando conocemos el plan divino en nuestra vida, así como la fuente de gracia y salvación. Entonces nuestro interior es transformado y comenzamos a actuar de manera justa, de acuerdo a lo que Dios nos demanda y nos enseña en su Palabra.

El caminar constante con Jesús transforma nuestro diario vivir, ya no nos interesan las mismas cosas de antes, dejamos de ser egoístas y comenzamos a pensar en los demás, de modo que ya no buscamos tanto la satisfacción personal sino el servicio a otros.

Nuestra familia es la primera en ser impactada –o por lo menos debería serlo. El propio ejemplo es un parámetro para los hijos y el cónyuge, de manera que poco a poco se establece un orden saludable, una convivencia respetuosa y una interacción amorosa, no basados en emociones humanas sino en valores espirituales perennes que la Iglesia nos inculca, además de nuestra propia relación diaria y consagrada al Señor, obviamente.

Cuando nuestra familia es alcanzada por los lazos de amor del evangelio, la comunidad lo nota, lo atestigua y, en el mejor de los casos, lo imita, especialmente cuando nos tomamos el tiempo para testificar de los grandes cambios y las grandes bendiciones que Dios ha hecho en nuestra vida familiar.

Y finalmente, nuestra nación puede ser transformada con la justicia que viene de lo alto, pues la justicia humana es parcial, limitada e inestable si no se basa en los principios eternos. Cuando las naciones no están fundamentadas en la Palabra de Dios, no pueden ser transformadas ni recibir una justicia completa y duradera, ya que sirven a otros intereses, menos al Reino de Dios: “El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor.” (Juan 12:26).

Como creyentes, es nuestra obligación y esperanza el hablar de estas cosas en todas partes y en todos los foros a los que vayamos. Creer que un buen sistema gubernamental y financiero va a traernos competa seguridad, prosperidad, felicidad y justicia es un tanto ingenuo. El cambio comienza en nosotros mismos, con la ayuda del Espíritu de Dios, sólo así sabemos que estamos poniendo nuestra inversión y nuestra esperanza en algo verdaderamente sólido, infalible.

“Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.” Es de gran importancia que cuando Jesús nos dio esta clave, se estaba refiriendo concretamente a las cosas materiales. No sólo dijo buscad el Reino, sino también su justicia. Después de la justicia individual viene por consecuencia la justicia colectiva.

El mundo persigue las cosas materiales y la justicia social antes que a Dios. Hasta hoy no existe nación que haya alcanzado la perfección en justicia, incluso si hay riqueza en ella. Pero en el reino de Dios la justicia se derrama en abundancia sobre cada persona y todos reciben lo que necesitan, por añadidura. Es una regla inquebrantable que los gobernantes deberían conocer y honrar, para ser honrados.

 

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