Domingo, 17 Diciembre 2017

Amor y comprensión para ellos

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Familia Jueves, 25 Agosto 2016 12:35
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28 de agosto, día dedicado a los abuelos y también a los ancianos. En realidad todos los días debieran de ser para ellos, pues son personas que lo que más desean es que se les quiera y se los demostremos.

La ancianidad es la etapa de la vida que, principalmente a los adultos, nos recuerda que para allá vamos. Las etapas pasadas son tan solo recuerdos, la ancianidad es el futuro, al que la mayoría hemos de llegar si Dios nos da larga vida.

Con la ancianidad llega la soledad porque aunque estén rodeados de personas queridas, la vida pasa frente a ellos, pero ellos ya no pueden ser parte de ella, están limitados, sus pasos son lentos, sus manos tiemblan, su audición pobre, a veces nula, sus ojos tiene poca luz, sus mentes se pierden en un laberinto de recuerdos entre el hoy y el ayer. Se acompañan de largos silencios como quien prefiere sumergirse en el fondo del alma, allí, donde está su verdadero yo. Y como un niños otra vez, dormitan suavemente mientras los días pasan y la vida los va llevando hacia su final.

Desafortunadamente hay muchos otros ancianos que lo único que saben es de abandono, de lágrimas en sus cansados ojos, de un existir triste y solitario. Son como frágiles plantas que necesitan el calor que da el amor y el cuidado tierno de la compañía.

Me gustaría compartir una oración hermosa en honor de todos los ancianos y ancianas:

“Benditos sean aquellos que entienden lo torpe de mi caminar y la poca firmeza de mi pulso.

Benditos los que comprenden que ahora mis oídos se esfuerzan por escuchar las cosas que ellos dicen.

Benditos los que parecen comprender que mis ojos están empañados y mi sentido del humor es limitado.

Benditos los que disimulan cuando derramo el café sobre la mesa.

Benditos aquellos que con una sonrisa amable se detienen a charlar conmigo unos momentos.

Benditos los que comprenden mis fallas de memoria y nunca me dicen: “Ya has repetido dos veces la misma historia”.

Benditos los que saben despertar recuerdos de un pasado feliz.

Benditos los que me hacen saber que soy querido y respetado y que no estoy solo.

Benditos los que saben lo difícil que es encontrar fuerzas para llevar la cruz de mis años.

Y benditos los que con su amor me permiten esperar con tranquilidad el día de mi partida.”

¡Felicidades a todos los abuelos!

¡Qué en este día sepan que desde aquí, alguien los abraza y los quiere!

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