Domingo, 17 Diciembre 2017

La carretera de la vida

Written by  Maleni Grider Published in Testimonios Jueves, 01 Septiembre 2016 08:45
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Durante las últimas semanas, mi esposo y yo hemos estado viajando por carretera a diferentes ciudades cercanas en búsqueda de un lugar para vivir permanentemente pues la casa donde habitamos no tiene ya suficiente espacio para nuestros adolescentes y niños pequeños. Dado que somos una familia grande, necesitamos una casa grande.

Hemos manejado muchas horas, a veces solos, a veces con los niños, pero durante el tiempo sobre la carretera he observado no sólo los bellos paisajes y la vegetación que Dios creó, sino también el comportamiento de los automovilistas y su forma de manejar.

Algunos parecen ser muy estables en su velocidad y sus cambios de carril, otros son más inquietos y hacen muchos cambios, de un lado para otro, en busca de espacios para abrirse paso con mayor velocidad. Otros son definitivamente agresivos, manejan como si la pista fuera sólo suya, tratando de rebasar a los demás, a gran velocidad, poniendo en riesgo a todos; otros van distraídos viendo sus celulares y haciendo zigzagueos bastante amenazantes, sin mucha conciencia de lo que puede ocurrir alrededor.

Pero hay otra clase de conductores, con mejor actitud: ellos visualizan no sólo su propio camino sino el de los demás, y reconocen que todos vamos en la misma ruta (con el mismo o diferente destino), tratando de llegar lo antes posible, con una expectativa clara y deseando estar a salvo. Por lo tanto, sus movimientos responden no solamente a la propia necesidad sino a la de los demás. La cordialidad es el primer rasgo de esta actitud.

Estos conductores dan el paso, guardan su distancia, se mueven de carril en las interjecciones para dejar entrar a los que se incorporan a la carretera, utilizan sus luces y espejos para avisar a los demás sus movimientos, se comunican, manejan a velocidad prudente, respetan el flujo de los demás autos y cooperan para que todos podamos convivir en un mismo espacio de manera inteligente, humana y segura.

Por supuesto incluyo mi persona en este grupo, pues sé que la vida es precisamente como una carretera en la que todos vamos avanzando hacia diferentes destinos, de modo que debemos aprender a convivir, ayudarnos y disfrutar el viaje, en vez de ponernos tropiezos unos a otros, ser desconsiderados o incluso peligrosos, poniendo en riesgo nuestra propia vida y la de los demás.

En el último viaje, luego de manejar cuatro horas de regreso a casa, ya muy cerca de nuestra ciudad, mi esposo y yo veníamos en dos autos manejando con los niños. Él iba adelante y yo lo seguía. Veníamos manejando despacio. La carretera estaba despejada, escasos dos autos iban adelante en otros carriles. De pronto vi venir una camioneta a gran velocidad detrás de mí. No frenó y se vino sobre nosotros, quizás estaba ebrio o se quedó dormido, o fue un simple acto de distracción. Pero su velocidad era excesiva.

Pensé en nuestras dos niñas que venían atrás y, cuando el impacto iba a ocurrir, viré el volante en un reflejo para tratar de hacerme a un lado. La camioneta hizo lo mismo en sentido contrario y, en vez de sentir el impacto, vi cómo el vehículo suyo dio una vuelta de 180 grados y casi se sale de la carretera. Se escuchó el rechinido de llantas y vi el humo de las mismas, el conductor logró de milagro controlar su auto y regresar al carril. Se detuvo en seco a la orilla de la carretera. Afortunadamente no se volteó y estaba a salvo. Mi esposo y yo seguimos adelante. Todo pasó en un instante.

Sé que fueron los ángeles de Dios quienes despertaron o empujaron a esta persona y su camioneta, pues estaba ya prácticamente sobre mi camioneta cuando reaccionó. Hubiera sido un accidente terrible y no sé si estaría contando esta historia. Pero la cuento por agradecimiento a Dios y porque reflexiono: ¿cómo estamos manejando en la vida? ¿Tomamos en cuenta a las otras personas o somos irresponsables, distraídos, inconscientes? Todos vamos en el mismo camino, todos queremos llegar. Aprendamos a manejar (a vivir) respetando, considerando, ayudando y comunicándonos con los demás. También somos responsables por su seguridad. Estoy segura de que Dios nos pedirá cuentas.

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