Jueves, 18 Enero 2018

En busca de cristianos creíbles

Written by  Fernando de Navascués Published in Iglesia Jueves, 01 Septiembre 2016 08:56
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Nos acercamos a una de las fechas más significativas y esperadas de los últimos años: nada más y nada menos que la canonización de la Madre Teresa de Calcuta. Todo un símbolo de caridad y misericordia, un ejemplo de fe cristiana hecho realidad. La celebración tendrá lugar el próximo domingo 4 de septiembre. Si pueden seguirla por alguna cadena de televisión, no pierdan la oportunidad, será una experiencia única.

Ahora bien, siempre hay un riesgo cuando hablas de figuras tan simbólicas como Madre Teresa. Esta pobre mujer perteneció inicialmente a una congregación pero que renunció a ella y a la seguridad que disfrutaba allí para pasar a la aventura de fundar otra dedicada a los más pobres de los pobres.

Es el riesgo de convertirla en mito, una especie de mujer extraterrestre, alejada de nuestra realidad diaria, y propuesta como una especie de “ideal”, de “modelo”, de “meta aspiracional”… Algo que sabemos será inalcanzable para cualquiera de nosotros. Me da miedo, porque no vaya a ser que “elevándola a los altares”, en el imaginario popular, la alejemos y la convirtamos en algo imposible.

Me queda, sin embargo, la satisfacción de saber que existen cientos, miles, millones de madres teresas por el mundo. No sólo las de su propia congregación, las misioneras de la caridad, sino también de otras instituciones de la Iglesia que agrupan a sacerdotes, religiosas y laicos dedicados a dar su vida por los más necesitados, aunque quizá no tengan la notoriedad que alcanzó la Madre Teresa.

A nuestro mundo le hace falta esperanza y ejemplo creíbles como ella que nos ayuden a salir de nuestro conformismo y dar, como ella misma diría, “hasta que duela”. Por eso, la canonización de Madre Teresa es un hecho alentador en la fe de los creyentes. No se trata de un profeta o un predicador brillante, sino de alguien que supo llevar a la práctica la fe que profesaba. No hablamos de un mito, sino de una realidad. Como decía el Papa Francisco a los jóvenes este verano, en la vivencia de la misericordia es en donde los cristianos nos jugamos nuestra credibilidad. Con ejemplos coherentes como el suyo, pasamos del mito a la realidad. El mensaje de Cristo y la Iglesia se puede llevar a la práctica en el siglo XXI. Y a mí me toca y de mí depende llevarlo a cabo.

La mayor parte de las personas no podemos dejar nuestra vida e irnos a Calcuta a recoger a los pobres de las calles. ¿O sí? ¿Y si nuestra Calcuta se llama familia, o la colonia donde vivimos, o si se trata de la empleada de hogar, o de mi suegra, o de la familia a la que se le murió el padre que traía el dinero a casa, o de un grupo de chavos que se pasan el día en la calle sin hacer nada y solo perdiendo el tiempo…?

La Madre Teresa no era la responsable de que hubiera moribundos en las calles de la India, o de que los enfermos que acogía en su casa tuvieran sida, o que los ancianos hubieran estado abandonados… Nunca dijo: “yo no soy culpable de su situación”. Ella fue la que dijo “voy a ayudarlas, porque en ellas está sufriendo Cristo”.

Nosotros, como ella, tenemos la capacidad de hacer un mundo mejor. Un ligero detalle puede ser la diferencia entre un hijo drogadicto y un hijo trabajador; puede ser la diferencia entre una familia rota o una donde reine el amor; puede ser la diferencia entre un servidor público corrupto y uno que imparta justicia; puede ser el que en una familia se coma hoy, o no se coma…

La Madre Teresa de Calcuta no fue una mujer dedicada a la política, ni un líder empresarial, ni un alto representante de la jerarquía de la Iglesia. Fue una mujer sencilla y humilde que hizo lo que pudo a su alrededor. Fue lo que estaba llamada a ser: una cristiana coherente, una mujer creíble.

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