Domingo, 17 Diciembre 2017

Un clavo no puede sujetar a Dios

Written by  Maleni Grider Published in Iglesia Jueves, 29 Septiembre 2016 13:25
Rate this item
(0 votes)

Los clavos no sujetan dioses a un pedazo de árbol.

Max Lucado

¿Y si Jesús hubiera dicho no al sacrificio en la cruz?

La respuesta teológica a esa pregunta es: entonces Dios se habría equivocado, pero como Dios no puede equivocarse, entonces dicha pregunta está de más y no tiene sentido; la pasión de Cristo tenía que culminarse pues era el plan perfecto de Dios para poder salvarnos de la condenación eterna.

Sin embargo, es sano para nuestra fe hacernos preguntas como ésta. En ocasiones, la reflexión que hagamos sobre ciertos temas particulares nos da una perspectiva diferente o, mejor, nos revela cosas que antes desconocíamos por completo. Por lo tanto, vale la pena intentar responder a esa pregunta, sin pretensiones estrictamente doctrinales.

Sabemos que el milagro de la resurrección no se hubiera producido, por lo que la gloria no se habría ganado. Estaríamos todavía muertos en nuestros pecados, sin posibilidad de redención ni de vida eterna. Todo eso está más que entendido. Entonces, tendremos que hacer otra pregunta, quizá más profunda: ¿qué hizo que Jesús se quedara en la cruz? ¿qué lo sujetó a ésta? Ningún clavo puede sujetar a Dios en un pedazo de madera.

El misterio de la pasión de nuestro Señor puede parecer una locura a primera vista: ¿un Dios que entrega a su hijo a la muerte para rescatar a una humanidad impía y rebelde? ¿Un Hijo que derrama toda su sangre y, siendo Dios, no se salva a sí mismo? ¿Un Dios que muere por sus criaturas? No parece algo muy razonable a simple vista.

Fue el amor lo que lo mantuvo pegado a la cruz. No fueron los clavos, no fue el imperio romano, no fueron los fariseos, no fue el tumulto. Fue el amor. Jesús estuvo junto a su Padre siempre, presenció la creación del mundo, pues era uno con el Padre y con el Espíritu Santo. Dios lo mandó a la tierra con un propósito, lo hizo nacer en el cuerpo de un hombre, a través de María, y Él sabía lo que habría de hacer.

Su misión estaba trazada y Él sólo quiso obedecer. Nos amó desde el principio, como su Padre, y nos conoció de muy cerca cuando estuvo en el mundo. Ahora es Rey de reyes y Señor de señores, a la diestra del Padre. “El Padre me ama porque yo doy mi vida para retomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo mismo la entrego. En mis manos está el entregarla y el recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre”. Juan 10:17-18

¿Qué nos sujeta a nuestra familia? El amor. Hemos estado ahí desde el principio, juntos, y ellos han estado ahí siempre. Intentar abandonar la familia que tenemos, cambiarla por otra o renegar de ella, es sólo un acto de rebeldía y egoísmo. Dios nos ha pedido honrar a nuestros padres, acompañar a nuestros hijos, amarnos los unos a los otros. La propia conveniencia no es parte del plan de Dios. Él tiene un propósito completo para la familia entera, incluso para las familias reconstituidas.

Renunciar a ello es renunciar al propósito eterno. No tener disposición al amor y al sacrificio que conlleva perpetuar una familia equivale a no escuchar la voz de Dios y no dejar que la voluntad de Él se cumpla en nosotros. Así que, pensemos detenidamente por qué o a quién queremos ofrecer nuestra vida y nuestro sacrificio.

Fuente: SomosRC

http://www.somosrc.net/k2-demo-1/item/597-un-clavo-no-puede-sujetar-a-dios.html

 

 

 

 

 

 

 

Read 395 times