Domingo, 17 Diciembre 2017

Un acto sublime de Amor y Fe

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in Iglesia Domingo, 09 Octubre 2016 13:02
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Octubre, es el mes del Rosario. Rezar el Rosario para algunas personas es un tiempo desperdiciado en una letanía de repetidas oraciones que, la gran mayoría están dichas de una manera distraída y maquinalmente, pero no es así.

El hecho de ponernos a rezarlo ya es un acto de amor a la Madre de Dios. Es una súplica constante y repetida para pedir perdón y rogarle por nosotros y por todo el género humano en el presente y también en la hora de nuestra muerte.

"...una meditación hermosa y profunda..."

Es meditar en los Misterios de la vida de Cristo. El Rosario es una especie de resumen del Evangelio, un recuerdo de la vida, de los sufrimientos y glorificación del Señor y una síntesis de su obra redentora. Por un deseo especial del Papa Juan Pablo II ahora tenemos los jueves, los Misterios Luminosos. El primero es El Bautismo de Jesús, El milagro en las bodas de Caná, El anuncio del Reino, La transfiguración en el monte Tabor y la Institución del Sacramento de la Eucaristía. Son maravillosos para una meditación hermosa y profunda.

Rezar el Rosario es un método fácil y adaptable para todas las personas y una excelente manera de ejercitar la meditación en los actos más sublimes de la fe.

El Padrenuestro con el que se empieza cada misterio es la oración que Cristo nos enseñó y quienes lo han estudiado a fondo, no pueden cansarse de repetirlo. Por su parte el Avemaría, es una oración centrada en el Misterio de la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho misterio. Aunque en esa oración hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su intercesión, es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a su Hijo por el infinito amor que mostró al encarnarse.

"...la esperanza puesta en su inmenso amor por toda la humanidad..."

La Santísima Virgen María, en sus repetidas apariciones ha sido la súplica más importante que en sus mensajes nos ha traído. Ella nos pide que recemos el santo Rosario. Ella nos lo pide insistentemente porque su rezo tiene un gran valor. Ella quiere que repitamos una y otra vez la súplica, la alabanza con la esperanza puesta en su inmenso amor por toda la humanidad.

Tal vez por lo repetido del rezo, la "loca de la casa" como le decía Santa Teresa a la mente, se nos vaya de aquí para allá en pertinaz distracción, pero aún así nuestro corazón y nuestra voluntad están puestos a los pies de la Madre de Dios y esas Avemarías son como el incienso que sube en oscilantes volutas hasta el corazón de nuestra Madre, la Virgen Santísima.

Nuestro mundo se está olvidando de rezar. Tenemos fe, creemos en Dios pero no hablamos con ÉL. El mundo actual, ahora más que nunca, necesita de muchos Rosarios. Hagamos un alto en nuestro diario vivir, quince minutos tan solo, y con seguridad el mundo y "nuestro mundo", será mejor.

Fuente: http://www.somosrc.net/k2-demo-1/item/605-un-acto-sublime-de-amor-y-fe.html

 

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