Domingo, 17 Diciembre 2017

La paciencia de Job

Written by  Maleni Ramírez Published in Iglesia Domingo, 23 Noviembre 2014 18:00
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Para muchos es conocida la paciencia de Job, ese personaje cuyo nombre intitula uno de los libros de la Biblia. Sin embargo, pocos han leído o conocen su historia. Job es considerado uno de los libros más poéticos de las Escrituras, al igual que Cantar de los Cantares, Eclesiastés y Salmos. Su contenido es de una enseñanza suprema.

Job era un hombre justo, temeroso de Dios, apartado del mal. Tenía una familia hermosa y gran riqueza, su vida era próspera en los ámbitos espiritual, familiar y económico. Así empieza la narración del libro en los primeros versículos. Pero un día, la calamidad y la tragedia llegan a su vida de manera repentina, como una prueba de fe que Job tiene que soportar. Su paciencia es ejemplar, y el final de su experiencia exitoso, a pesar de todo el dolor que debió vivir.

La pregunta que podríamos hacer es: ¿por qué vino la tragedia a la vida de Job, siendo él un hombre justo, obediente a Dios y lleno de prosperidad? En Job 3:25 encontramos que él mismo dice: “Si temía algo, eso me ocurre, lo que me atemoriza me ha venido encima”. Había una raíz de temor en su corazón, que quizá nadie conocía. Job tenía fama de ser hombre piadoso y recto, pero sólo Dios sabía que en su corazón había temores callados. Quizás temía perder lo que tenía.

Satanás quiso derrumbar su vida y aniquilar su fe, pues lo difamó delante de Dios diciendo que si Job era justo era porque Dios le había dado todo y había puesto su protección sobre él. Es entonces cuando Satanás reta a Dios, le dice que quite la prosperidad de su siervo Job y entonces él blasfemará contra Dios. El Creador permite a Satanás destruir todos los bienes materiales de Job, pero éste no maldice a Dios. A pesar de que también pierde a sus hijos, durante su duelo Job afirma: “Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá volveré. Dios me lo dio, Dios me lo ha quitado, ¡que su nombre sea bendito!”.

Entonces Satanás pide lastimar a Job en su cuerpo, y Dios le permite hacerlo, pero le ordena no quitarle la vida. Satanás hiere a Job con una sarna en todo el cuerpo, de la punta de la cabeza a los pies, y esta enfermedad dura mucho tiempo, quizás algunos meses. Tres amigos suyos llegan a acompañarlo durante su padecimiento, y ven que su dolor es muy grande, pero luego ponen en duda su integridad y lo presionan pidiéndole que confiese el pecado que le ha traído la desgracia. Job asegura que no hay ningún pecado escondido, sin embargo su lamento ante Dios es humano y profundo.

A pesar de la presión de su misma esposa, quien lo anima a maldecir a Dios y luego morirse, Job mantiene su paciencia y su fe. Espera día y noche en su Creador. Expone su queja pero no afrenta a Dios. Reconoce los temores que había guardado en su corazón, lo confiesa con su boca y aguarda. Dios sabía de sus temores, conocía que aunque era un hombre al que le había dado todo, su confianza tambaleaba en lo interior.

Como creyentes, vivimos nuestra vida buscando a Dios. Y ponemos nuestra fe y confianza en Él. Pero a veces guardamos temores en lo profundo, temores que no expresamos ante nadie, temores que nadie conoce y que a veces no nos atrevemos a enfrentar. Pero Dios sí puede ver en nuestro interior. Él sabe qué tanto confiamos en Él, qué tanto tememos el futuro, cuánto tememos la enfermedad o la tragedia, o perder lo que poseemos. Hoy en día, la psicología y muchas corrientes nos invitan a tener pensamientos positivos y no negativos, a desechar el temor y “decretar” salud y prosperidad. Pues hoy se sabe que el poder de la mente es grande y podemos acarrear fortuna o infortunio sobre nuestra propia vida según lo que pensamos y creemos.

El libro de Job, escrito alrededor de mil años antes de Cristo, aborda este tema. Job tenía temores, y Dios lo sabía. Dios quería que Job confiara en Él por completo, y liberarlo de su temor. Por eso permitió que pasara por diversas pruebas, todas ellas de gran dimensión. Es impresionante que Dios utilizara al mismo Satanás para poder liberar a Job de sus angustias. Porque después de todas sus pérdidas, Dios guardó la vida de su siervo y le devolvió la salud. Además, le dio una nueva familia y multiplicó sus posesiones. Su prosperidad fue mayor que antes. “Después de todo esto vivió Job todavía hasta la edad de ciento cuarenta años […] Después Job murió anciano y colmado de días”. Job 42:16 y 17

Analicemos nuestro corazón. ¿Qué temores rondan nuestra mente? ¿Creemos que puede suceder algo más grande que el amor de Dios por nosotros? ¿O qué tipo de angustia gobierna nuestra vida y nuestro corazón? Dios quiere que toda nuestra confianza esté puesta en Él, y si viene alguna prueba, o incluso alguna pérdida, es para fortalecernos y liberarnos de todos aquellos temores que nos aquejan. Desechemos, pues, todo temor, y cultivemos pensamientos positivos, llenos de fe en nuestro Señor. La fe es contraria al temor. “La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver.” Hebreos 11:1

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