Miércoles, 17 Enero 2018

Un hombre “Inquebrantable”

Written by  Eduardo Ochoa Published in Cine con valores Miércoles, 18 Febrero 2015 18:00
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“Venimos a sufrir”, así me dijo al entrar a la sala de cine un amigo con quien fui a ver “Inquebrantable”, la película que cuenta la historia de Louis Zamperini. Y es que no es una historia de risa ni de suspenso, al típico estilo Hollywoodense para pasar el rato, sino que es una película que invita a la reflexión y al asombro de lo que es capaz de lograr el ser humano, tanto de lo bueno como de lo malo.

Cuenta la historia de este hombre y de lo que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial. De niño se le puede catalogar como un rebelde, que robaba, tomaba y fumaba y que luego hizo su mayor esfuerzo para formar parte del equipo de atletismo, hasta llegar a las olimpiadas de 1936 en Berlín, representando a los Estados Unidos.

Posteriormente se enlistó en el ejército, en las fuerzas aéreas. Durante una misión de rescate en el Océano Pacífico, su avión se averió y se estrelló en el mar; solo él y otros dos compañeros lograron salir con vida. Cuarenta y cinco días duró su naufragio en una pequeña balsa, comiendo lo escaso que pescaban y tomando lo poco que caía de lluvia.

Fueron encontrados, no por los americanos sino por la naval japonesa. Fue hecho prisionero, encerrado en una isla donde lo maltrataron y casi lo matan de hambre. Posteriormente, lo llevaron a un campo de prisioneros situado en una de las islas de la bahía de Tokio. Ahí sufrió las torturas que le aplicó el soldado -Mutsuhiro Watanabe-, quien dirigía el campo.

Cansado, lastimado y sin fuerzas lo cambiaron de campo a uno peor, donde el trabajo consistía en pasar sacos llenos de carbón de contenedores a carros de tren. Mutsuhiro también fue trasladado ahí y, nuevamente, le hizo pasar por pruebas que nadie creyó superaría.

Terminada la película me hice una pregunta que, sin duda, mucha gente se la ha planteado: ¿Cómo pudo sobrevivir a todas esas pruebas?

Y se me vinieron a la mente las dos frases que su hermano mayor le dijo cuando era niño y que, creo, quedaron marcadas en lo más profundo de él. La primera cuando entrenaba para ingresar en el equipo de atletismo: “If you can take it, you can make it” (“si puedes con ello, puedes lograrlo”). Además, le hizo creer en sí mismo, le hizo ver cuánto valía como ser humano y le hizo desear lo que veía como imposible. Esta frase la recordaría más tarde cuando estuvo como prisionero y comenzaba a darse por vencido.

La segunda fue cuando se iba a las olimpiadas: “A moment of pain is worth a lifetime of glory” (“un momento de dolor vale la pena por una vida de gloria”). Ésta frase cobra mucho sentido cuando se ven esos años terribles seguidos de una vida llena de paz, aunque con sus dificultades. Tuvo que pasar por las pruebas, por el dolor para encontrarse a sí mismo y enfocar su vida en algo más grande que él.

Como lo expuso Laura Hillenbrand, autora de su biografía titulada igual que la película, Louis encontró a Dios en dos momentos: cuando le hizo la promesa de entregarse a Él si lo salvaba del naufragio y a través del perdón de sus captores, unos años después de que la guerra terminara.

Hombres como él, con esa voluntad, con esa determinación, con esas ganas de sobrevivir, son escasos. Tuvo muchos momentos en donde se dobló por lo difícil de la situación, por lo que le tocó ver y vivir, pero nunca se quebró. Creo que no había mejor título para esta historia.

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