Miércoles, 17 Enero 2018

Ser niño es un derecho natural

Written by  Maleni Ramírez Published in Educación Viernes, 01 Mayo 2015 00:00
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En el mes de abril, celebramos el Día del Niño, pues socialmente nuestros pequeños son estimados en mucho, no sólo porque “son el futuro de nuestro país y del mundo” sino porque en nuestra idiosincrasia ellos deben ser protegidos, amados y respetados.

Todo eso es muy válido, los niños merecen todo eso y mucho más. Pero nuestra reflexión acerca de esto es: ¿qué significa amarlos y respetarlos? Cuando nace un bebé, la decisión de traerlo al mundo es de los padres, lo hayan planeado o no. De modo que el niño posee el derecho natural de ser protegido mientras no puede protegerse a sí mismo; de ser amado para alcanzar un sano desarrollo; y de ser respetado como individuo, con sus propias capacidades.

Los padres tenemos siempre expectativas cuando procreamos. Esperamos esto o aquello de nuestros hijos y de nuestra relación con ellos. Sin embargo, la mejor expectativa debería ser aprender a conocerlos en su individualidad, y ayudarlos a ser felices. A veces planteamos objetivos muy altos para ellos, queremos que sean los mejores en todo y nos esforzamos para que vayan a clases, tengan actividades extra, aprendan algún arte o deporte, los llevamos a todo tipo de talleres y los saturamos de proyectos.

Es sano guiarlos, mostrarles posibilidades, proveerles recursos, mantenerlos ocupados y activos, pero presionarlos demasiado puede crear situaciones adversas en ellos, como: sentirse sobrevalorados, sentirse sobresaturados o presionados en exceso, sentir ansiedad por la perfección, sentir demasiada responsabilidad sobre su espalda, sentir frustración por no tener tiempo para compartir con otros niños, sentirse abandonados por nosotros, etcétera.

Una manera de amarlos correctamente es darles la libertad de ser niños, jugar, reír, hacer travesuras, cometer errores, aprender, crecer paulatinamente, darles muestras de afecto (físicas, emocionales y materiales). Y una manera de respetarlos es identificar cuáles son sus necesidades, gustos, habilidades reales, sueños y preferencias, para apoyarlos y acompañarlos en sus propias elecciones, en su propio ritmo y bajo sus propias expectativas, no las nuestras.

Ser niño ocurre sólo una vez, empañar ese tiempo con imposiciones y exigencias personales extremas es una violación de ese derecho y, peor aún, la pérdida total de un tiempo precioso que no puede recuperarse más tarde. Un niño debe tener la oportunidad de crecer, ubicarse en el mundo, reconocerse, identificar sus deseos, construir sueños, desarrollar habilidades, recibir aceptación, jugar cada día, sonreír, tener amigos, divertirse, y compartir con su familia.

Ellos son el futuro del mundo verdaderamente. La salud que procuremos en nuestros pequeños el día de hoy será lo que cosecharemos mañana. Si no los dejamos crecer de manera natural, tendremos adultos frustrados y resentidos, insatisfechos y deprimidos. Si les damos la oportunidad de gozar de su niñez y les enseñamos su potencial, tendremos personas felices, correctamente autoevaluadas y responsables de sus propias elecciones.

Un niño que tiene la oportunidad de ser niño, tendrá más tarde la capacidad de ser adulto.

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