Miércoles, 17 Enero 2018

"Señor del mundo", una novela inquietante para estos días

Written by  Fernando de Navascués Published in Educación Martes, 25 Agosto 2015 16:02
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 Créanme, no soy ningún milenarista ni experto en apocalipsis. Tampoco soy de esos que están viendo el fin de los tiempos en cada mensaje del Papa, de la Virgen o santón de turno. No. No soy de ninguno de esos exegetas e intérpretes. Más bien al contrario. Vivo en la feliz inconsciencia de creer que el paso de la Iglesia es el paso al que debemos caminar los cristianos: me fío de lo que dice el Papa, no de lo que dicen que dice el Papa. Jesucristo vendrá al final de los tiempos a juzgar a los vivos y a los muertos, y que además “sólo el Padre sabe el día y la hora”. Esto me ayuda a vivir la fe con la serenidad de quien se siente en manos de Dios y no en las manos de quienes viven haciendo caja a través de libros o artículos metiendo miedo en el cuerpo (o en el alma, en este caso) en un montón de incautos –algunos sorprendentemente ‘bien’ formados- que hay por ahí. Ni el SIDA es la última plaga divina, ni la última lágrima de sangre de no sé qué Virgen es el signo definitivo del final del mundo. ¡A Dios gracias!

Hecha esta pertinente aclaración, me permito recomendarles el libro que acabo de leer: “Señor del mundo”, de Robert Hugh Benson. El Papa Francisco y el Papa Benedicto han hablado sobre él, así que he aprovechado este verano para leerlo. Sobre este autor, a caballo entre el siglo XIX y el XX, hay información en internet e, incluso, un blog. Aquí, basta decir que era hijo de un arzobispo anglicano. Que él mismo fue sacerdote anglicano y que, con el tiempo, como tantos otros intelectuales británicos acabó en la Iglesia católica y ordenándose sacerdote católico.   

Sobre “Señor del mundo” me quedo con la sorprendente intuición de la realidad futura. No lo dice Benson, pero no es difícil concluir que la acción del libro puede suceder en el siglo XXI. Es sorprendente la visión del autor, sí, y lo es porque su libro, dando un salto de más 100 años hasta llegar a una época como la nuestra, describe algunos aspectos con sorprendente acierto. Desde la publicación del libro en 1907 al momento de la acción, casi no hay referencias: apenas unas leyes aprobadas en tales años o unos sucesos muy puntuales. No existe la ONU, aunque sí, y asústense, un Parlamento Europeo lleno de masones.   

La lectura de este libro hace 30 años, por ejemplo, no tendría el mismo significado que ahora, y no digamos 50 ó 60. No pasaría de una obra de ciencia ficción de corte católico. Hoy, sus diálogos, el valor de la vida humana, la manipulación de las personas, la destrucción de los valores en nombre del humanismo, la hipocresía de los gobernantes, el vacío existencial, la huida hacia adelante, la persecución real del catolicismo… sí tienen cabida. Hace unos cuantos años creo que serían intuiciones muy arriesgadas.   

Fuerzas antagónicas 

Me quedo con dos elementos: la exaltación de la masonería como el gran promotor de este suicidio espiritual y social, y la Iglesia Católica como única fuerza que hace frente al avance laicista.   

Uno de los resultados de este sistema, y no les voy a desvelar la obra, es que al que piensa se le aplica la eutanasia -eso sí, ¡de forma voluntaria!-, y, dicho sea de paso, porque el personaje es incapaz de aceptar la frustración que le produce las mentiras de ese mundo falsario. Los católicos caen como chinches, tanto física como espiritualmente. Y la gran masa social atontada y mutilada mentalmente sigue embobada a su nuevo caudillo laico y laicista que la tiene en un puño, sometida, e incapaz de levantar la voz, aunque eso le cueste la felicidad en sus vidas privadas. Y como suele suceder… ¡encima aplaude!   

Derecho a no discrepar 

El laicismo imperante pide el respeto a todas las formas de pensar, sólo que aquellos que piensan diferente, por higiene moral, se les elimina. Estos son un cáncer que puede hacer mucho daño porque discrepa con el que piensa diferente, es decir, del poder, el que tiene la sartén por el mango. Queda claro, ¿verdad? Incluso les suena.   

Lo de la masonería está más que visto. Nos lo conocemos todos. Sólo que en la novela para que efectivamente puedas llegar al poder tienes que ser públicamente masón. La “fraternidad” ya no es oculta. Es más, es el carnet que te da ciudadanía. Si no eres masón no eres nadie. Así que en la novela, excepto los curas, todos son masones. Incluidos los ex curas que quieren medrar en el nuevo sistema. Por cierto, que a efectos prácticos todos los templos cristianos acaban convirtiéndose en templos masónicos, o lo que es lo mismo, en la nueva religión.   

Religiones y laicismo 

Más terrible resulta la claudicación de las religiones. Ni una sola se atreve a enfrentarse con el laicismo militante y beligerante del nuevo orden mundial. Los musulmanes y las religiones orientales, que en el principio de la obra parecían tener algo que decir, acaban paniaguadas gracias a los acuerdos de paz firmados entre Europa y Asia, fruto del talante del nuevo y misterioso Presidente de Europa. Parece ser que la Ortodoxia cristiana ha desaparecido, y todo el protestantismo y el anglicanismo se ha entregado. Sólo queda en pie la Iglesia católica como referente y contraposición.   

Bueno, sólo es una novela, así que esta noche, aunque la leamos y nos impresione, podemos seguir durmiendo tranquilos. Pero sí es verdad que debemos leer los signos de los tiempos y quedarnos con lo que de verdad puede aportarnos una novela como ésta. El laicismo, como forma de pensamiento y organización, está aquí y controla cada día más este mundo. El laicismo es una apisonadora que sólo admite la pervivencia de quien comulga con sus ideas. Igualmente verdad es la respuesta de las religiones. Con todo el respeto y la debida reserva, por supuesto, me atrevo a afirmar que muchas conjugan o flirtean con ese laicismo demoledor y acomodador de los nuevos tiempos, cuando no son las que la allanan el terreno y le hacen de avanzadilla. Lamentablemente, otras religiones les falta madurar internamente para que conozcamos cuál es su verdadera fachada. Por lo que a efectos prácticos, frente a la dictadura laicista sólo una religión le hace frente con argumentos sólidos y a la que verdaderamente teme: la Iglesia católica.   

Lo que pretende hacer el nuevo orden mundial para acabar con la Iglesia católica no se lo cuento. Léanlo.

 

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