Jueves, 18 Enero 2018

"¡Aprended a reflexionar más y más, aprended a pensar!” San Juan Pablo II

Written by  Vicky Mijares Published in Educación Viernes, 02 Octubre 2015 16:34
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Todos los padres anhelamos tener hijos buenos. Pero, ¿qué entendemos con “hijos buenos”? ¿Que tengan buenas notas escolares? ¿Que obedezcan y hagan todo lo que les pedimos? ¿Que sean niños que vivan cada etapa de su vida, disfrutando y desarrollando los diferentes aspectos que les hagan constituirse como persona? 

Para lograr una educación integral y asertiva que incluya todas las dimensiones de la persona, será necesario que los padres de familia asuman su responsabilidad y el compromiso que genera el ser formadores de sus hijos, no solo cubrir las necesidades materiales de vivienda, alimentación, vestido o enviarles a actividades (natación, karate, ballet, piano, etc.), sino sobre todo hacerse cargo de formar su conciencia, su inteligencia, su voluntad, en un ambiente de libertad y felicidad y dentro de una familia.  

Gracias a la propia naturaleza humana es que podremos moldear una personalidad equilibrada en nuestros hijos. Enseñarles a pensar, a desarrollar su pensamiento lógico y reflexivo. Que las experiencias desde los primeros años sean pauta para el desenvolvimiento y organización del pensamiento, incluyendo el raciocinio y el aspecto lógico. Reflexionar sobre la realidad de experiencias y vivencias cotidianas que le permitan comprender los fenómenos que le rodean.

Lamentablemente lo que acontece hoy en día con nuestra sociedad es que omitimos el pensar y evitamos la fatiga mental. Como consecuencia, aceptamos todo lo que nos dicen en un ambiente de cómodo “relativismo”, no estamos yendo al fondo de las cosas, evitamos buscar la verdad con un pensamiento crítico y nos dejamos llevar por ideologías, modas y opiniones. Estamos cambiando el pensamiento por el sentimiento. 

El "sensamiento", es dejarse llevar por lo que "se siente", si se siente mucho o se siente poco, si lo siento o si no lo siento, "me late o no me late". Es un modo de vivir en el relativismo, sobre fundamentos inconsistentes e inestables. Las emociones rigen las decisiones. A pesar de que se habla mucho de inteligencia emocional, se habla poco del control de la voluntad y del orden adecuado de los afectos. 

¿Cómo podemos enseñar a pensar a nuestros hijos?

 Podemos enseñar a pensar a nuestros hijos siguiendo estas sencillas “pautas educativas”: Pautas Dinámicas y Pautas Organizativas 

1. Las Pautas Dinámicas: son las que determinan el comportamiento del individuo en relación a sí mismo, capacitándolo para interactuar en la sociedad y la familia es quien debe transmitirlas. Estas a su vez se dividen en individuales y grupales: 

Individuales: los padres de familia deberán hacer posible que desde los primeros años, el niño respete su entorno, los objetos y personas, hay conducirle a la autonomía personal para que solucione situaciones puntuales. Pueden ser pequeños encargos según su edad (hacer su cama, recoger su cuarto, lavar los trastos, dar de comer a la mascota, etc.)  

Otra área a cubrir en este campo es motivar al niño a la reflexión, que lo lleve a analizar, valorar y someterse voluntariamente a normas positivas para todos, evitando impulsividad y radicalismo con lo que pueda ir adquiriendo, paulatinamente. Por ejemplo: seguir ciertas indicaciones, instrucciones y pasos para obtener un fin, cómo seguir una receta de cocina o las reglas de un juego. Motivar con el reconocimiento el esfuerzo puesto en cada actividad. Que el niño vaya intuyendo que a toda acción corresponde una reacción y que esta puede ser directa o indirectamente proporcional dependiendo del acto; no es lo mismo correr y patear la pelota en el parque (es el lugar adecuado y la experiencia es más placentera) que correr y patear la pelota en la sala de la casa (no hay espacio, se puede romper algo y las consecuencias no serán nada gratas).  

Grupales: Son en las que el niño, partiendo de su individualidad personal, determinará su convivencia con otros individuos. Deberá acompañársele y guiársele para adaptarse al encuentro con otros, a los cambios y situaciones que pueden afectarle en su proceso de desarrollo. Los padres deberán estar muy atentos y receptivos evitando situaciones de conflicto entre hermanos y con ellos mismos, manteniendo un adecuado manejo de sus emociones, específicamente con el manejo de celos, berrinches y control de la ira. Por lo que habrá de enseñarle a trabajar la renuncia, la comprensión, la tolerancia, el diálogo y la empatía.

 2. Pautas Organizativas: Son las que los padres transmiten a sus hijos para la buena convivencia en los distintos ambientes en los que el niño sociabiliza, entendiendo que hay otras personas con las que hay que convivir, asumiendo el rol que le corresponda en cada ambiente. La tolerancia y el respeto juegan un papel muy importante en esta interacción. Las organizativas tienen también dos apartados: participación y responsabilidad 

Participación: Enseñarle al niño a que en la comunidad todos podemos participar de una u otra manera, hacerle notar lo estimulante y agradable que es el dar y recibir. Por un lado el niño muestra su autenticidad y desarrolla su creatividad, le proporciona autonomía y confianza, y además es capaz de percibir cómo en la interacción con otros también él recibe y se construirá una sana convivencia. La participación se dará en aumento a medida que el niño va adquiriendo madurez, desarrollando su capacidad de comprensión y empatía. La sociabilización se dará en consecuencia del entorno familiar. 

Responsabilidad: El fruto de la participación es la responsabilidad, que implica el hacer las cosas por gusto y no por obligación, su participación se dará en automático, tornándose en un servicio generoso, en el desprendimiento del yo hacia el otro, una donación, no esperando a que le resuelvan las cosas, esta actitud le fomentarían el egoísmo y el capricho, y en un futuro se sentiría víctima del entorno que no supo valorar. 

 

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