Miércoles, 17 Enero 2018

Cuando Dios se tapa los ojos para no vernos

Written by  Fernando de Navascués Published in Iglesia Lunes, 07 Diciembre 2015 16:39
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Déjenme empezar con un texto del profeta Isaías: “¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? -dice Yahveh-. Harto estoy de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y sangre de novillos y machos cabríos no me agrada, cuando venís a presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de vosotros esa pateadura de mis atrios? No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad. Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han resultado un gravamen que me cuesta llevar. Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no veros. Aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están de sangre llenas: lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda. Venid, pues, y disputemos -dice Yahveh-: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán” (Is 1, 11-18).

Llamados a tener entrañas de misericordia

En este momento concreto de la historia, el Papa Francisco convoca el Año de la Misericordia y vuelve a hablar como el profeta Ezequiel para transmitirnos un mensaje de Dios: “Diles: ‘Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?” (Ezequiel, 33, 11). O, aún más, como dice la Plegaria Eucarística: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana. Inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado”.

El Año de la Misericordia, por tanto, no es un llamado más. No es una devoción más o menos importante que nos propone la Iglesia. Es una “oferta que no podemos rechazar”. No es sólo para los alejados, es para que todos nos pongamos, con esas expresiones tan del Papa Francisco, en actitud de “Iglesia en salida”, de “hospital de campaña”… Somos llamados a tener entrañas de misericordia.

Una guía para el Año de la Misericordia

Creo que hay dos cosas fundamentales en este año. Además de algún texto que el Papa Francisco pueda proponernos de forma especial, hay que leer y releer la “Misericordia Vultus”, es decir la Bula con la que Francisco convocó el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En este texto, explica por ejemplo que "la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia" (n. 10).

Y en segundo lugar, el mismo Papa nos pide en esta bula poner en práctica las obras de misericordia espirituales y corporales “para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina".

No es lo mismo la selva que el zoológico. En los dos hay leones, pero el zoo, por muy adornado que esté, jamás será una auténtica selva africana. Lo mismo sucede con la caridad: un día puedes hacer una heroicidad a la que no estás acostumbrado, pero lo que nos pide la Iglesia es que convirtamos nuestro corazón gracias a que las obras de misericordia sean una parte fundamental en nuestra vida.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que “las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf. Mt 25, 31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf. Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf. Mt 6, 2-4)” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2447).

Las obras de misericordia corporales son:

1) Visitar a los enfermos

2) Dar de comer al hambriento

3) Dar de beber al sediento

4) Dar posada al peregrino

5) Vestir al desnudo

6) Visitar a los presos

7) Enterrar a los difuntos

Y las espirituales:

1) Enseñar al que no sabe

2) Dar buen consejo al que lo necesita

3) Corregir al que se equivoca

4) Perdonar al que nos ofende

5) Consolar al triste

6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Ahora ya podemos entender las palabras del profeta Isaías que leíamos al principio. Ya sabemos qué hacer para que nuestros pecados blanqueen como la nieve, y no suceda que cuando oremos, Dios se tape los ojos para no vernos.

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