Miércoles, 17 Enero 2018

El gozo del Señor en tu corazón

Written by  Maleni Ramírez Published in Testimonios Domingo, 20 Diciembre 2015 10:47
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El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón confiaba en él, y me socorrió, por eso mi corazón se alegra y le canto agradecido. Salmos 28:7

Existen muchos motivos para sentirnos gozosos pero, casi siempre, dicho gozo se desvanece con prontitud. El verdadero gozo proviene del cielo, y el motivo de éste es el gran regalo que el Padre nos hizo al darnos salvación y enviarnos al Espíritu Santo, luego de que Jesús partió y abandonó este mundo para ir a sentarse a Su diestra. “Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.”(Ver Juan 15.)

Un verdadero creyente de Jesucristo es una persona que espera y confía en Él, sabiendo que el Señor es fiel y siempre responderá a las necesidades de su vida. El gozo en su corazón no está basado en las circunstancias –ya sean buenas o malas– sino en la confianza plena, es decir, en la fe que guarda hacia su Creador.

Hace tiempo, mi amigo Greg, a quien conocí en la iglesia, hablaba conmigo acerca del significado del verdadero gozo que viene de lo alto, y no de las alegrías que el mundo puede ofrecer pero que son pasajeras. Me dijo que, por el contrario, el mundo suele quitarnos el gozo que albergamos en el corazón. También afirmó que, entre más cristocéntrica construyamos nuestra existencia, mayor será el gozo que tendremos.

Mientras yo aportaba también mis ideas al respecto y le decía que no puede haber mayor gozo que vivir en la presencia de Dios buscando la llenura de su Espíritu, él me preguntó, con ese tono confidente que usan los amigos: ¿quieres ver la foto de una mujer llena de gozo? Le dije que sí, claro. Abrió su laptop y buscó entre sus archivos la imagen que quería mostrarme. Repentinamente volteó la pantalla hacia mí y me encontré con la fotografía de su Bobby, su esposa, quien es también mi amiga y a quien amo en la fe.

Ella tenía una gran sonrisa y sostenía un vaso grande de café en su mano. La razón de ese café es que se encontraba en el hospital, junto a su esposo Greg. Él aparecía en un lado de la foto, inconsciente, en una cama de hospital, lleno de tubos y mangueras. Me contó que una mañana estaba haciendo su rutina de jogging cuando de pronto se sintió mal y se desmayó. Cuando su esposa llegó a donde él estaba y los paramédicos lo atendían, su corazón dejó de latir.

Bobby le rogaba a Dios que no se lo llevara, y le decía que su familia lo necesitaba; no dejó de orar al Señor en el camino al hospital, en medio del shock que para todos representó lo que estaba ocurriendo. Muchos minutos después, cuando los doctores terminaron de examinarlo y confirmaron su muerte, milagrosamente el pulso volvió a su cuerpo. Revivió. Pasó días en el hospital, con diferentes tratamientos, algunos de ellos muy severos, tales como una especie de congelamiento para recuperar sus funciones, y otros igual de atemorizantes.

Su esposa permaneció junto a él día y noche. Ella no puso su vista en las terribles circunstancias; ella le creyó a Dios. Mantuvo su gozo, sonrió todos los días, ignoró lo que estaba ocurriendo, y no escuchó la voz del diablo, que le susurraba al oído: “Greg va a morir, no va a quedar bien, tendrás que cuidarlo en casa como a un discapacitado, su futuro se acabó, y también su ministerio dentro de la iglesia”. Pero ella continuó orando al Señor, esperó y confió en Él cada día y cada hora, hasta que Greg recuperó totalmente la salud.

Hoy en día ambos sirven en el Reino de Dios y han compartido su testimonio con muchas personas. El gozo en sus corazones es una de las características que los distinguen. Su gozo es aún mayor porque Dios les otorgó un milagro, y ellos han sabido expandirlo ganando almas a través del bello ministerio al que dedican sus vidas.

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