Domingo, 21 Enero 2018

Para la reflexión...

Written by  Jorge M. Rodríguez Published in Sociedad Jueves, 31 Diciembre 2015 19:24
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El fin de año es quizá la mejor época para que todos hagamos una reflexión profunda, un análisis retrospectivo y una autocrítica sincera y honesta. Son momentos en que todos deberíamos preguntarnos ¿qué hicimos?, ¿cuándo lo hicimos?, ¿por qué lo hicimos?, ¿a quienes beneficiamos o a quienes perjudicamos con nuestras actitudes? También habría que recordar aquello que dejamos de hacer y las razones de estas omisiones.

Diciembre es el mes más apropiado para realizar este tipo de ejercicios espirituales y de conciencia, ya que nos encontramos impregnados del espíritu de la Natividad, que nos hace, aunque temporalmente, más comprensivos y más humanitarios; seguramente se debe a que toda la comunidad católica conmemoramos el nacimiento de uno de los seres humanos más extraordinarios y elevados espiritualmente.

Desde luego me refiero a Jesús, quien marcó el inicio de una nueva era y que con acciones nos demostró que se puede vivir en paz, con orden y armonía y que sin preferencia alguna creó una escuela de conocimientos y una corriente de pensamiento que ha perdurado por más de dos mil años.

Durante su efímera existencia nos demostró con su ejemplo las grandes virtudes que el ser humano posee y que nosotros hemos olvidado, tales como la humildad de corazón, el perdón, la generosidad, la misericordia y la gratitud, entre otros.

El gran maestro Jesús fue un defensor natural de los derechos humanos, en la teoría y en la práctica. Promovió la protección a los grupos sociales vulnerables, defendiendo a las mujeres, atendiendo las necesidades de los niños, de los enfermos, de los débiles y los desvalidos; asimismo combatió la corrupción, los abusos de poder y las injusticias sociales, a cambio de nada, su único propósito fue crear un sistema basado en los principios de amor, armonía y prosperidad; sin embargo no hemos sabido apreciar sus enseñanzas.

Por otra parte, partiendo del principio de causa y efecto, podemos decir sin lugar a dudas que actualmente la sociedad se encuentra en un callejón sin salida debido a que estamos cosechando las semillas que nosotros mismos hemos sembrado, tales como la violencia, el odio, la venganza, el racismo, la xenofobia, las luchas étnicas, etc.

Los seres humanos hemos perdido el rumbo, hemos dejado de practicar las leyes correctas, estamos contagiados por el virus de la ambición, la soberbia y la arrogancia y hemos adoptado un modo de vida totalmente materialista y ególatra, alejándonos de los buenos sentimientos de altruismo y de la nobleza humana.

¿Dónde quedaron las buenas costumbres, la ética como norma de conducta universal y la moral? En estos tiempos ya no es fácil distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal, vivimos una confusión total, una verdadera crisis de valores.

Se dice que tanto los seres humanos como las civilizaciones, nacen, florecen y desaparecen, que son ciclos naturales y leyes inmutables que existen en el universo, pero también se dice que somos nosotros mismos, con nuestros errores, los que precipitamos nuestra decadencia y desaparición.

Aunque también se cree que los seres humanos, cuando estamos al borde del precipicio, a punto de caer, tenemos la capacidad de reflexionar y corregir nuestras conductas equivocadas para cambiar y salvar a los demás.

¿Será esto posible, en verdad somos capaces de lograr un cambio a través de un despertar de conciencia espiritual?

Yo invito y exhorto a todos los hombres de buena voluntad para que nos unifiquemos y logremos vibrar en una frecuencia de amor, armonía y prosperidad, con el fin de salvar a este bellísimo planeta que es la casa y hogar de todos nosotros.

¡Dios salve a la humanidad!

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