Miércoles, 17 Enero 2018

Los Magos de Oriente y la Estrella de Belén

Written by  Maleni Grider Published in Actualidad Martes, 05 Enero 2016 13:01
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Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”. Mateo 2:1-2

La tradición de “Los Reyes Magos” es entrañable para nuestros niños, quienes reciben tres regalos el 6 de enero. Pero ¿cuál es la Escritura en la que se sustenta dicha tradición?

En el Evangelio según San Mateo, capítulo 2, se describen los acontecimientos sobre la llegada de los magos de Oriente a Jerusalén, quienes guiados por una estrella vinieron a adorar a Jesús, sabiendo que Él era el esperado Mesías, el rey de los judíos.

Sin embargo, el contexto histórico de dicho acontecimiento nos habla de que el rey Herodes interrogó a sacerdotes judíos y a los magos de Oriente sobre la fecha y el lugar exacto donde habría de nacer Jesús. Pero siendo avisados en sueños de que Herodes quería matar al niño, los magos no regresaron al rey para darle cuenta del paradero del Salvador, sino que regresaron por otro camino a su lugar de origen.

El enojo de Herodes desató una gran matanza de niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Este capítulo de la Biblia dice que tres profecías se cumplieron durante estos acontecimientos, en un periodo de días. Y también nos habla de la soberanía de Dios sobre toda criatura terrenal o humana. Los designios de Dios se cumplieron pese al empeño del rey Herodes por exterminar a Jesús. Siendo Herodes un hombre sumamente poderoso, no hubo nada que pudiera hacer, pues un ángel avisó a José que huyera a Egipto con el niño antes de la matanza.

Los magos siguieron diligentemente a la estrella que los llevó hasta Belén, y luego, al hallar al niño con su madre, María, se postraron y lo adoraron: “Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. ¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez a la estrella! Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra”. (Mateo 2:9 y 10)

Oro, digno de un rey; incienso, como se usaba en los altares de Dios; y mirra, como símbolo de la sepultura (de Cristo). Los magos gozaban de cierto estatus en la sociedad, pero ellos se arrodillaron frente al bebé para adorarlo, pues es muy probable que conocieran las Escrituras y profecías sobre el nacimiento del Mesías; la radiante estrella fue la señal que ellos siguieron para llegar a su destino.

Más que un regalo, ellos rindieron una ofrenda al rey de los cielos. Su visita fue la confirmación de lo que sabían, pues eran personas con más conocimientos que el común de los habitantes. Asimismo, los pastorcillos que vivían cerca del pesebre donde nació el Salvador recibieron un mensaje del cielo, a través de un ángel, para que supieran que Dios había bajado a la tierra en la persona de su Hijo.

Dios no hizo ninguna distinción de personas, sólo anunció de diferentes maneras la llegada de Cristo, el Cordero de Dios, quien pagaría el precio en la cruz por nuestros pecados, para traernos salvación. Nada detuvo los planes de nuestro Dios. Fue una noche llena de hechos sobrenaturales, producto del poder del Creador del mundo. Su luz resplandeció en la oscuridad, en muchos lugares, mientras el bebé nacía a través de María.

Esa misma magia llena el corazón de nuestros niños cada 6 de enero; esa alegría llega a los hogares y a las familias mexicanas cada año. Conservemos esta tradición y hablemos a nuestros niños sobre las maravillas del Evangelio, el inmenso amor de Jesús y la gloria de nuestro Dios. No perdamos la oportunidad de que ellos conozcan la verdad. No permitamos que este evento sea un hecho superficial, sin sentido, sino un día lleno de gozo por las buenas nuevas de Dios con nosotros.

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