Jueves, 18 Enero 2018

"Venid a mí..."

Written by  Ma. Esther de Ariño Published in 1 minuto para Dios Miércoles, 15 Junio 2016 10:25
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Vengo del tráfico, del ruido, de toda la agitación que hay ahí afuera Señor, trato de serenarme y dejar mi aceleramiento convertido en suaves pasos para estar frente a ti. Ya me va llegando la calma, la paz...

 

Frente a esta Capilla siguen pasando las personas, que como yo, traen en su interior su propia historia.

Y pienso en ellos, en esa joven que pasa sin mirar siquiera un instante hacia este lugar donde estás tú, pasa ensimismada porque carga una cruz que pesa, que pesa mucho, le han dicho que su hijito tiene una enfermedad incurable. Y ese hombre que apura el paso porque lleva dentro la huella del vicio y va en su búsqueda, y ese anciano que apenas puede caminar porque tiene frío, porque todos sus huesos, ya viejos, le duelen pero le duele más el saber que en su casa, los hijos que tanto amó, le están diciendo que "estorba".

Esa jovencita, casi una niña, que va despacio y muy triste porque su novio le acaba de decir "que no la quiere...que ya todo terminó" y quien ya lleva un hijo en las entrañas y no sabe qué va a hacer.

Y el que no tiene trabajo; la que se siente enferma y cansada; la que va feliz porque mañana se casa; la que le ha dado el doctor la noticia de que va a ser madre y le falta tiempo para llegar a su hogar y decírselo al hombre amado;  el que va feliz porque le han ascendido de puesto; el estudiante que ha pasado de año; la niña que mañana cumple quince años; la que le acaban de dar su anillo de compromiso y el que viene de despedir para siempre al ser amado y recibir las condolencias. Sin duda un mundo de historias que conoce perfectamente Dios.

Pero ¿Por qué no vienen a ti Señor? ¿ Por qué no vienen a decirte que tienen penas, que les duele el corazón, que tienen miedo, frío y desaliento? O en su caso a darte gracias y a compartir contigo sus grandes logros, sus dichas, sus sueños realizados, su inmensa felicidad.

¿Por qué los que cargan una cruz tan pesada no la quieren compartir contigo, que ya supiste lo que pesa y duele? Tú lo dijiste: "VENID A MI TODOS LOS QUE ESTEIS FATIGADOS Y SOBRECARGADOS Y YO OS DARÉ DESCANSO" Mt. 11,-28.

¿Sabrán que estás ahí o quizá nadie se los ha dicho?

Siento tu tristeza Señor, la cual me obliga a darte a conocer entre todos los que me rodean. Que nadie se quede sin saber que eres agua viva si tienen sed, que eres el amigo fiel si tienen angustia y pena, que eres el amor hecho hombre para amar sin medida, que eres el Dios que muere en una cruz para perdonar, que está ahí, tan cerca, tan humilde en la espera eterna.

Tú, que me lees, detén tu desorientado caminar y ven aquí donde Él está con su Cuerpo y su Divinidad y, tal vez llores, pero con la seguridad de que al salir vas a sentir lo que buscabas y necesitabas, la grandeza de que Dios te ama y con ella el precioso don de la paz.

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